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'EL CAMPEÓN DE LA VIDA'
LA COPA DE
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EL FÚTBOL DEPARA A VECES SITUACIONES INUSUALES. CAMPEONES INESPERADOS, JUGADORES DESCONOCIDOS CONVERTIDOS EN ESTRELLAS Y OTROS CASI RETIRADOS QUE GOZAN DE UNA SEGUNDA JUVENTUD. EL PAPEL DEL ONCE CALDAS EN LA COPA LIBERTADORES DE 2004 ES CUANTO MENOS PARA RECORDAR. SUPERÓ A TODOS LOS FAVORITOS Y VENCIÓ AL TODOPODEROSO BOCA JUNIORS EN LA FINAL. ESTA ES LA HISTORIA DEL SUEÑO VIVIDO POR EL EQUIPO BLANCO DE MANIZALES, UN SUEÑO QUE SE HARÍA REALIDAD Y CAMBIARÍA LAS VIDAS DE SUS PROTAGONISTAS PARA SIEMPRE.
 
 
Julián VÉLEZ
 

   
 
 
 
Manizales es una ciudad particular de Colombia. El café es el producto insignia de esta zona lluviosa y fría en medio de la cordillera central de los Andes. El reinado del café, los pasodobles y la gran influencia de los conquistadores españoles marcan el carácter cultural de esta bella tierra. Allí, en  abril de 1947, nació el Deportes Caldas, un equipo refundado en 1959 y convertido en el actual CD Once Caldas (tras la fusión con el Once Deportivo de Manizales), 'El equipo blanco de Colombia'. Su historia siempre ha sido la de un club modesto. Para hablar de su primer título habría que remontarse al Deportes Caldas de 1950, popularmente conocido como 'El Relojito Cuezzo' en honor al grandísimo Alfredo Cuezzo que merecerá un reportaje algún día en nuestra revista). El argentino había llegado al país a finales de los años 30 como jugador del CD Municipal (más tarde llamado Millonarios FC), y ya como director técnico dirigió al Deportes Caldas durante toda la década de los 50. El equipo albo, que contaba con jugadores tan determinantes como el también argentino Julio 'Stuka' Ávila, finalizó el campeonato en primer lugar con 45 puntos, 20 victorias, 5 empates y 5 derrotas, con 91 goles a favor y 48 en contra. De esta forma, los caldenses ganaron una liga en la que habían mantenido un pulso constante por el liderato con el Deportivo Cali y sobre todo con el histórico 'Ballet Azul' del Millonarios FC, compuesto por grandes figuras de la época como Néstor Raúl Rossi o el mismísimo Alfredo Di Stéfano. Toda una proeza.
 
 
 
 
 
     
 
Tras la consecución del campeonato colombiano de 1950, tuvo que pasar más de medio siglo para volver a ver al Once Caldas levantar un trofeo. El arquitecto de la gesta sería Luis Fernando Montoya, técnico nacido en Caldas que había dirigido a diferentes selecciones de Antioquia y divisiones menores de Atlético Nacional; una persona tranquila, discreta, generosa y sensata. En el año 2003, el primero de Montoya en el banquillo, el Once Caldas finalizó en el primer puesto de la clasificación del Torneo Apertura con 35 puntos, seguido otra vez por Millonarios FC. Después del campeonato regular, se formaron dos grupos con los ocho primeros de la tabla para disputar los playoffs por el título. Once Caldas formó el cuadrangular con América de Cali, Deportivo Cali y Club Unión Magdalena. El primer partido se tradujo en una victoria ante América (1-3), al que no le ganaba en el Estadio Olímpico Pascual Guerrero desde hacía veintiséis años. En la segunda fecha goleó al Unión Magdalena (4-0) y en la tercera hizo lo propio en casa del Deportivo Cali (0-3). Luego empató contra estos dos últimos equipos (1-1 en ambos partidos) y en la última jornada volvió a doblegar al América (2-0), clasificándose para la final en la que esperaba el Junior de Barranquilla. El partido de ida en Barranquilla terminó en empate (0-0), pero la vuelta en el Estadio Palogrande de Manizales se decidió a favor del Once Caldas (1-0) gracias al gol de Sergio Galván, su gran estrella, consiguiendo así el segundo título nacional de su historia. Tras aquel gran éxito, el equipo se vino abajo y realizó un pobre Torneo Finalización, firmando un decepcionante decimocuarto puesto. A pesar del fracaso, el título logrado en el Apertura le había dado al Once Caldas el acceso directo para disputar la Copa Libertadores 2004.
 

 
La Copa Libertadores de 2004
 

Ya con la clasificación directa en el bolsillo, los componentes del Once Caldas se fueron a las vacaciones de Navidad sin saber la aventura que estaban a punto de vivir en esos 14 partidos repartidos durante cuatro meses y medio. Una vez iniciada la temporada, empezaron a surgir rumores sobre la posible salida de su estrella, Sergio Galván, al NY/NJ MetroStars. Aun así, el Once Caldas tenía un equipo bien compaginado entre la experiencia de unos y la juventud y el hambre de otros. En el plantel blanco figuraban como porteros Juan Carlos Henao, Juan Carlos González y Rolando Ramírez; como defensas Mauricio Casierra, Edgar Cataño, Edwin García, Alexis Henríquez (que repetiría hazaña con Atlético Nacional como capitán), Wilmer Ortegón y Samuel Vanegas; como centrocampistas Diego Arango, Javier Araújo, Germán Casas, César Hernández, Raúl Marín, Edwin Móvil, Elkin Soto, Arnulfo Valentierra (uno de los mediocentros con más clase del fútbol colombiano), Rubén Velásquez y Jhon Viáfara; y como delanteros Jorge Agudelo, Jeffrey Díaz, Sergio Galván y el jovencísimo Dayro Moreno. A ellos se sumaron los fichajes del lateral Miguel Rojas (CD Atlético Huila), el mediapunta paraguayo nacionalizado argentino Jonathan Fabbro (CA Boca Juniors) y el delantero Herly Alcázar (CD Centauros Villavicencio). 'El Profe' Montoya iba variando la alineación y el esquema según las necesidades del equipo, alternando el 4-3-2-1 con el 4-3-1-2: Henao era titularísimo bajo el arco; en defensa apostaba por una línea de cuatro con dos centrales altos y aguerridos (Vanegas y Cataño) y laterales fiables en el repliegue (Rojas y Edwin García); en el centro del campo solía jugar con trivote (Arango, Viáfara y Soto); y en el ataque o bien jugaba con doble enganche (Valentierra y/o Fabbro) o bien con dos puntas (Galván y/o Alcázar).
 
"Eramos un equipo humilde y todos lo sabíamos. Nadie apostaba por nosotros. Pero en el interior de cada uno de nosotros sabíamos que no íbamos a regalar nada a nadie e íbamos a luchar. No teníamos nada que perder y sí mucho que ganar", recordaría posteriormente Viáfara, una de las revelaciones del torneo. El Once Caldas formaba el Grupo 2 con Unión Atlético Maracaibo de Venezuela, CA Fénix de Uruguay CA Vélez Sarsfield de Argentina. El torneo no pudo comenzar mejor para los de Manizales, que superaron al Fénix con dos goles de Valentierra —y con esa forma tan peculiar de cobrar los penales— y otro de Jeffrey Díaz (3-0). En el segundo partido los colombianos se enfrentaron al UA Maracaibo de Giovanny Pérez, al que vencieron en suelo venezolano con tantos de Fabbro y Galván (1-2). En la tercera jornada visitarían el Estadio José Amalfitani para medirse con el Vélez Sarsfield de José Luis Chilavert, Leandro Somoza, Fabián Cubero o Rolando Zárate, entre otros. Obviamente casi nadie apostaba por el conjunto caldense. Tanto era así que al llegar a Buenos Aires sólo había un periodista en el hotel. Juan Carlos Ángel, preparador físico del equipo albo, declaró: "Nadie apuesta por nosotros y eso es muy bueno. Si queremos ser protagonistas, tenemos que ganar a los mejores". No saldrían victoriosos en aquella ocasión, en la que acabaron cayendo en un partido de lo más tenso (2-0). Sin embargo, esa sería la última derrota del Once Caldas en todo el torneo. El fútbol siempre da segundas oportunidades, y ya en Manizales los de Luis Fernando Montoya consumaron la revancha contra los argentinos con un doblete de Galván (2-0). La victoria como local ante el UA Maracaibo (2-1) y el empate a domicilio ante el Fénix (2-2), con Fabbro como protagonista de la remontada tras anotar dos goles, cerraron una primera fase de ensueño. El Once Caldas se clasificó para la siguiente ronda como primero de grupo con 13 puntos.
 
 
 
 

  
 
A medida que se fue desarrollando la primera fase del torneo la atención de los focos sobre el Once Caldas fue en aumento. En los hoteles ya había más expectación y los incentivos económicos desde la directiva por partido ganado era muy importante para motivar aún más a la plantilla. La segunda fase llegó con la noticia que todos temían: la marcha definitiva de Sergio Galván a la Major League Soccer (MLS). La sensible baja del goleador tucumano sembró dudas sobre el rendimiento inmediato del equipo. El primer partido de octavos de final fue agónico, como casi todos los de la fase de eliminación directa. El Once Caldas se enfrentaba al siempre complicado Barcelona SC, que contaba en su plantel con jugadores con amplia experiencia internacional como Walter AyovíEdwin Tenorio o Iván Kaviedes. En esta segunda fase del torneo, Luis Fernando Montoya optó por un esquema más sólido (4-4-1), dando entrada en el once inicial a Rubén Velásquez para formar doble pivote con Viáfara. El choque de ida en el Estadio Monumental Isidro Romero Carbo de Guayaquil finalizó en tablas (0-0), en una auténtica avalancha de unos futbolistas ecuatorianos que desperdiciaron múltiples ocasiones. Fue allí donde comenzó a forjarse la figura de una leyenda: Juan Carlos Henao. El guardameta paisa salvó a los suyos en un duelo tan intenso que ambos equipos acabaron con diez hombres. Tanto Edwin Tenorio como Jhon Viáfara vieron la roja directa, el primero por una falta violenta sobre Valentierra y el segundo por una entrada totalmente a destiempo.
   
Si el primer encuentro entre Once Caldas y Barcelona SC fue de infarto, el segundo sería una verdadera tortura para las dos aficiones. Después del empate en Ecuador, ambos se jugarían el todo o nada en el Estadio Palogrande. Hubo llegadas por parte de cada bando, pero fue el Barcelona el que se adelantó primero. La jugada nació de un robo de Walter Ayoví, que tocó el esférico para José Gavica. El mediocentro realizó una pared con Rodrigo Teixeira, con taconazo incluido del brasilero, para que el propio Gavica la picara por encima de Henao. Un golazo en el minuto 50 que ponía las cosas muy difíciles, aunque no imposibles hay que recordar que en aquel entonces los goles visitantes aún no contaban el doble en caso de empate. A partir de entonces los visitantes se dedicaron a jugar con la desesperación de los locales. Pero la alegría de los ecuatorianos acabaría esfumándose casi al final, ya que Agudelo, que había ingresado desde el banco en la segunda parte por Arango, igualaría el marcador con un golazo de tacón en el minuto 83 (1-1). La tanda de penales se avistaba, la más importante presenciada hasta entonces en Manizales. Geovanny Caicedo y Ángel Escobar anotaron para el Barcelona SC, mientras que Valentierra, Soto y Dayro Moreno lo hicieron para el Once Caldas. La eliminatoria ya se había empezado a decantar para los colombianos tras el penal estrellado en el palo por Walter Ayoví. Finalmente, Henao detuvo el lanzamiento de José Chatruc y el propio Agudelo se erigiría como el héroe de la noche marcando también el penalti definitivo (4-2). Así, el equipo blanco había despertado la ilusión no solo en Manizales, sino en toda Colombia.
 
El rival del Once Caldas en los cuartos de final sería nada más y nada menos que el Santos FC, que en diciembre de ese mismo año ganaría el octavo Brasileirao de su historia. Entrenado por Vanderlei Luxemburgo, el conjunto peixe estaba repleto de jóvenes promesas del fútbol mundial, como Diego Ribas, Elano, Renato DirneiRobinho. Es decir, uno de los rivales más complicados del torneo. El primer encuentro se disputó en Brasil, en el Estadio Urbano Caldeira. En plena locura del partido, los brasileros estuvieron a punto de adelantarse mediante un cabezazo de Deivid que se topó con la madera. Once Caldas presentó la réplica en la segunda mitad con un balón desviado por la espalda de Agudelo que el travesaño rechazó. Santos aumentó la presión, convirtiendo nuevamente al arquero Henao en la figura de la noche para los visitantes. Pero el arquero no pudo hacer mucho para impedir el gol de Basílio en el minuto 83. Los santistas comenzaron a tener el control absoluto el partido y parecía que se llevarían la victoria. Sin embargo, un error en la salida de balón permitió un robo de Valentierra. El mediocentro barranquillero no perdonó y su zurda privilegiada llevó las tablas al marcador a falta de dos minutos para la conclusión. El Urbano Caldeira quedó totalmente silenciado hasta el pitido final (1-1).
 
 
 
 


  
 
El Estadio Palogrande de Manizales fue una caldera en el choque de vuelta. Fue un duelo precioso. Aunque el Once Caldas controló la posesión, se sucedieron oportunidades por parte de uno y otro equipo. Como no podía ser de otra forma, Henao era uno de los más destacados del conjunto blanco, conteniendo los contragolpes comandados por un inspiradísimo Diego, que no paraba de causar problemas a la defensa caldense. En la segunda parte, el arquero tuvo todavía más trabajo, salvando a los suyos en dos ocasiones muy claras en las botas de Robinho y el mismo Diego. Pero la estrella del partido sería otra. Corría el minuto 70 y el Once Caldas disponía de una falta a favor. Los brasileros formaron una barrera poblada porque sabían que enfrente estaba todo un experto en el tiro libre, a pesar de los 30 metros que lo separaban de la meta defendida por Júlio Sérgio. Nada que hacer. Arnulfo Valentierra se sacó de la manga uno de los goles más importantes de la historia del club colombiano. El árbitro argentino Horacio Elizondo decretó el final con victoria local (1-0) y desató la locura general en las gradas. El Once Caldas estaba entre los cuatro equipos más importantes de América, junto a tres gigantes del continente y grandes favoritos del torneo como eran el CA River Plate, el CA Boca Juniors y su siguiente rival, el Sao Paulo FC. Al igual que sus compatriotas del Santos, los paulistas eran un hueso duro de roer. La escuadra que entonces entrenaba Cuca competía con hombres como Rogério CeniCicinho, Gustavo NeryLugano, DaniloFábio SimplícioDiego TardelliGrafite o el gran killer del equipo, Luís Fabiano, que a esas alturas del torneo ya había marcado 8 goles y terminaría como máximo anotador de aquella edición.
 
Los futbolistas del Once Caldas estaban bastante tranquilos, sin presión y con los deberes hechos; ya habían hecho historia, pero no iban a regalar nada. Aun con todo, ni siquiera imaginaban lo que acontecería en los próximos ciento ochenta minutos de competición... El primer partido sería de nuevo fuera de casa y en un ambiente realmente impresionante. Hasta 70.500 espectadores se dieron cita en las gradas del Estadio Morumbi, creando una atmósfera que ponía muy nervioso al plantel colombiano. El técnico Luis Fernando Montoya y su segundo entrenador, Carlos 'Panelo' Valencia, enseguida se dieron cuenta de ello. "Vamos a la cancha antes para que perdamos el miedo, porque hasta yo tengo miedo", les dijo 'El Profe' Montoya a los suyos, causando las carcajadas de todo vestuario. De esa forma, cuando llegaron al escenario del partido perdieron tanto el nerviosismo como el respeto. "Si les ganamos a estos, somos los campeones", se repetían los jugadores constantemente. Los noventa minutos fueron un calvario para los de Manizales, mientras que los brasileros se sentían impotentes al ver cómo chocaban una y otra vez con Juan Carlos Henao. Cicinho, Gustavo Nery, Luís Fabiano e incluso Rogério Ceni lo intentaron por todos los medios, pero el arquero estaba por la labor de hacer historia. El resultado concluiría con un empate (0-0); toda una hazaña para los cafeteros, que estuvieron muy ordenados en defensa contra un Sao Paulo que parecía confiado en sus posibilidades. "En Manizales será diferente. Con el apoyo de todos pasaremos a la soñada final", declaró Montoya tras la finalización del choque.
 
El partido de vuelta en el Palogrande fue una gran fiesta de fútbol. El estadio era una olla a presión y lucía completamente de blanco. La noche mágica empezaba con una jugada de Herly Alcázar, quien, habilitado por el defensa brasilero, se plantó solo ante Ceni, pero cruzó demasiado la pelota y esta se fue por poco. En el minuto 27 llegaría el tanto local: tiro libre escorado lanzado por Valentierra, que metía el balón en el centro del área para que Viáfara lo cabeceara hacia el área pequeña; en segunda jugada remataría Alcázar 
—de forma poco ortodoxa aunque efectiva— para esta vez sí estrenar el marcador. Tan solo cinco minutos más tarde, Danilo capturaba un rebote y mandaría la pelota al segundo palo de Henao, que no pudo hacer nada para evitar la igualada. A raíz de ese momento, el encuentro se convirtió en un espectáculo de ida y vuelta. Viáfara estuvo a punto de realizar el mejor gol de la copa con un zapatazo desde fuera del área que se encontró con el larguero. Luis Fernando Montoya decidió dar entrada primero a Javier Araújo, un joven volante con gran técnica que ya había firmado buenas actuaciones, y poco después a su hombre talismán: Jorge Agudelo. Sería Araújo quien recibiría el balón en el centro del campo, regatearía a dos rivales y pondría un pase en profundidad para el propio Agudelo; el delantero se frenó con una clase tremenda, dejando pasar de largo al defensor rival y definiendo con absoluta frialdad en el minuto 90. El Once Caldas estaba en la final y Manizales pasó a ser una fiesta eterna.
 
 
 
 


 
 
La gran final: Boca Juniors-Once Caldas
 
Era una auténtica sorpresa que el modesto equipo colombiano del Once Caldas hubiera llegado a la final de la Copa Libertadores, eliminando, además, a los dos clubes más fuertes de Brasil. En la final esperaba un conjunto que venía enfurecido tras una tremenda eliminatoria contra su eterno rival, River Plate, que dejó en el camino hasta seis expulsiones. Hablamos del todopoderoso Boca Juniors, probablemente el club más laureado de América y campeón en tres de las cuatro últimas ediciones del torneo. 'Pato' Abbondanzieri, Nicolás Burdisso, Luis Perea, Clemente Rodríguez, Rolando Schiavi, Alfredo CasciniDiego Cagna, Pablo Ledesma, Guillermo Barros Schelotto o Carlos Tévez eran algunos de los grandes nombres que componían el plantel más temible de la competición, dirigidos desde el banco por Carlos Bianchi. El primer acto de la final se desarrollaría en el Estadio La Bombonera de Buenos Aires. Si el ambiente de Brasil había sido abrumador, estar en la piel de los jugadores blancos mientras escuchaban los cánticos argentinos debía ser una aventura de emociones intensas. Los caldenses eran conscientes de que aquel sueño inimaginable meses atrás ahora estaba al alcance de la mano, pero todavía quedaba un último obstáculo, el rival más complicado de todos. Boca Juniors llegaba algo debilitado por las tarjetas rojas vistas en semifinales. Además del mediocentro cafetero Fabián Vargas, Carlos Tévez 
—su máxima estrella y que esa temporada se despedía de los suyos para firmar por el SC Corinthians había sido expulsado tras festejar su agónico gol a River Plate con el gesto de una gallina. "El partido contra Boca era muy difícil porque era la primera vez que jugábamos una final de copa. Boca siempre ganaba. Pero nuestra idea era clara, buscábamos sacar el 0-0 en La Bombonera y luego en Manizales, con nuestra gente, ganar aunque fuera haciendo trampa", recordaría más tarde Jhon Viáfara.
 
El duelo de ida de la gran final, disputado el 23 de junio, parecía una copia idéntica de la eliminatoria de semifinales que se había disputado en Sao Paulo solo dos semanas antes. Luis Fernando Montoya armó un correoso entramado defensivo para aguantar el continuo asedio xeneize: un testarazo al travesaño de Antonio Barijho, tiros constantes a portería de Schiavi y del joven Ledesma, regates de todos los colores de Cagna, subidas constantes por la banda de Clemente Rodríguez y Pablo Álvarez y múltiples ocasiones para Barros Schelotto. Juan Carlos Henao y los postes volverían a ser protagonistas, al igual que lo venían haciendo durante todo el torneo. Por si fuera poco, Valentierra tuvo que retirarse lesionado en el primer periodo. Sin embargo, los colombianos fueron estirándose y dispusieron de dos ocasiones, ambas en los pies de Elkin Soto; la primera tras un descuido de la defesa argentina en un disparo que se marchó alto y la segunda en un tiro libre escorado que se envenenó y que casi se cuela por la escuadra de Abbondanzieri. El final reflejaría un 0-0 que dejaba todo por resolver en la vuelta y que volvía a invitar al optimismo, como reflejaba 'El Profe' Montoya al término del partido: "Un empate, lo mismo que hicimos con Sao Paulo y con Santos, y ya en Manizales hay que tratar de aprovechar la altura que nos favorece". Conociendo los antecedentes del Once Caldas, jugarse la final en el Palogrande sería difícil para los argentinos, que ya podrían contar para la causa con Tévez y Fabián Vargas una vez habían cumplido sanción.
 
El encuentro de vuelta entre Once Caldas y Boca Juniors dejaría imágenes que permanecerán para siempre en el recuerdo. Jamás se había teñido tan blanco el estadio de Manizales como aquella noche del 1 de julio de 2004. En medio del ruido también se podía escuchar el corazón de cada uno de los jugadores. El segundo y definitivo acto de la final no pudo comenzar mejor para los locales.
Viáfara sorprendía a Abbondanzieri con un disparo tremendo en el minuto 7 de la primera parte. La fiesta comenzaba y se mezclaba con el sufrimiento. Boca estaba herido, pero era el equipo con más experiencia de la competición y supo aguantar la presión. Los hombres de Bianchi subieron las líneas, por lo que los caldenses vieron más espacios para los contragolpes. En uno de ellos, Alcázar se plantó en un mano a mano ante el 'Pato', aunque finalmente Perea evitó el gol. El conjunto argentino estaba desesperado, ya que no sabía cómo traducir la aplastante posesión de balón en ocasiones de gol. La defensa local se mostraba muy contundente y sólo Franco Cángele era capaz de provocar cierta sensación de peligro. El inicio del segundo tiempo vino acompañado de la lluvia y de un disparo de Dayro Moreno que se marchó desviado. Boca continuó atacando con todo hasta que encontró la recompensa. Burdisso logró empatar con un excelso cabezazo tras un centro a balón parado de Cángele. El partido se volvió tosco, duro e intenso, un intercambio de golpes en el que podía ganar cualquiera. Tévez avisó con un pase desde la línea de fondo que acabó despejando Henao, y a los pocos minutos Jeffrey Díaz puso a prueba a Abbondanzieri con un tiro cruzado y un remate de cabeza. El nerviosismo y el miedo a perder fueron eclipsando la lucidez del juego. Aun así, ambos equipos pudieron ganar en el tiempo de descuento; Burdisso se quedó a escasos centímetros de empujar con la cabeza otro tiro libre y Soto respondió con un zapatazo que pasó a medio metro de la meta argentina.
 
 
 
 

 

 
 
El destino quería ser caprichoso y hacer sufrir aún más a los aficionados de ambos equipos. El pitido final del chileno Carlos Chandía llevaba el desenlace definitivo de la competición hasta los penales. La final de la edición de la Copa Libertadores de 2004 se decidiría en una de las peores tandas en la historia del torneo. Primero lanzaría Once Caldas; Arnulfo Valentierra, gran experto desde los once metros, centró mucho un tiro que el 'Pato' Abbondanzieri detuvo sin ningún apuro. "Cálmese. Yo sé quién es Juan Carlos Henao y vamos a ganar", le aseguró Luis Fernando Montoya a Jorge Eduardo Botero, un directivo del club caldense trastornado por el error de Valentierra. En el primer turno para Boca Juniors, Rolando Schiavi mandaría el balón directo a las nubes. Elkin Soto sería quien marcara el primer tanto (1-0), ajustando el disparo a la izquierda del arquero xeneize. Posteriormente, Juan Carlos Henao volvió a agrandar su figura adivinando la ejecución de Alfredo Cascini. En la tercera ronda de penales, Wilmer Ortegón realizó un lanzamiento similar al de Valentierra, que también repelió el guardameta argentino, y Nicolás Burdisso reventó la pelota contra el larguero. A continuación le tocaba el turno al hombre de los momentos decisivos, Jorge Agudelo, que esta vez sí engañaba a Abbondanzieri para meter el esférico por el centro de la portería (2-0). La presión recaía sobre el joven Franco Cángele, a quien se le veía nervioso. La gran promesa de Boca Juniors disparó muy flojo a la derecha de Henao, que atajaba sin problemas y daba a los suyos la primera Copa Libertadores de América de su historia.
 
"Feliz por Manizales, por nosotros, por nuestras familias y especialmente por Colombia que necesitaba esta alegría", explicaba Juan Carlos Henao justo después de concluir el partido. Samuel Vanegas, defensa central y eterno capitán del Once Caldas, fue el encargado de levantar la Copa Libertadores: "Fue un momento muy feliz con Caldas porque lo conseguimos con un grupo de amigos que siempre se dijo la verdad y fue responsable; será algo que nunca se nos olvidará como lo es el título de la copa". La Copa Libertadores levantada por el Once Caldas suponía el segundo galardón en la historia del torneo para un club colombiano, después de que el Atlético Nacional lograra hacerse con el trofeo en la edición de 1989. El equipo blanco de Manizales había inscrito su nombre con letras de oro en los anales de la competición más importante de toda América. Jhon Viáfara, el jugador revelación de aquella edición, describiría de manera inmejorable lo que todos sentían en aquel momento: "Es un sueño que se hace realidad; muchos quisieran levantarla, pero solo pocos la hemos levantado". Por su parte, Boca Juniors, siempre tan competitivo, no se tomó muy bien la derrota y no quisieron ni siquiera pasar a recibir la medalla de subcampeón. Al ser cuestionado en sala de prensa, el entrenador argentino Carlos Bianchi respondió: "Yo no sabía, sinceramente no sabía... es la primera vez que perdemos, entonces, no sabía que a los segundos les daban medallas". El conjunto xeneize había sufrido toda una cura de humildad, aunque posteriormente el presidente del club, Mauricio Macri, pediría disculpas públicamente por las declaraciones de Bianchi.
 

La gloria alcanzada por el Once Caldas significaba el triunfo de un club modesto, sin grandes estrellas pero con mucho corazón. Los blancos compensaron las carencias ofensivas con determinación y capacidad de sufrimiento en cada una de las eliminatorias. Luis Fernando Montoya le había sacado el máximo provecho a los limitados recursos de su plantilla, provocando la admiración de todo el continente. Además, la inmensa mayoría de los colombianos se identificaron con el conjunto de Manizales, ya no sólo por su humildad, sino porque el equipo albergaba en sus jugadores representación de casi todas las regiones de Colombia. Los futbolistas, el cuerpo técnico y la afición caldense eran conscientes de lo que habían conseguido y lo que habían sufrido para lograr la hazaña, por lo que la fiesta tenía que ser proporcional al hito. La celebración fue tan desenfrenada que durante la misma el trofeo sufrió graves daños; y eso que el tesorero de la Conmebol, Romer Osuna, había avisado previamente a Jairo Quintero, presidente del Once Caldas ("sálvame la copa que se va a dañar"). Herly Alcázar sacudió tan violentamente el trofeo en la vuelta olímpica que la figura que coronaba el orbe de la pieza de plata y roble se desprendió en plena celebración. "Nunca le había pasado nada en más de cuarenta años. Incluso le dije una cosa más fuerte al señor Quintero. La copa está en malas manos", le contaría más tarde Osuna al periódico El Tiempo entre risas. Ya en los vestuarios, todos los miembros del equipo se abrazaron en un círculo, cerraron los ojos, guardaron un momento de silencio y le ofrecieron el título a Dios tras rezar el padrenuestro.
 
 
 
 
  
 
 
La Copa Intercontinental de 2004 y 'El Campéon de la Vida'
 

La fiesta del Once Caldas continuaría con la Copa Intercontinental de 2004, la que sería la cuadragésimo tercera y última edición de este torneo y que se disputaría en el Estadio Internacional de Yokohama (Japón). El sueño nipón estaba latente entre los jugadores caldenses, aunque para ello debían superar al campeón de la UEFA Champions League de aquel año, el FC Porto, que había derrotado al AS Mónaco en la final (3-0). El equipo luso ya no tenía en su banquillo al técnico José Mourinho 
—firmado por el Chelsea FC, contratando en su lugar al español Víctor Fernández. Los 'Dragones azules' también habían perdido a Ricardo CarvalhoPaulo Ferreira, Pedro Mendes, Sérgio Conceição, Dmitri AlenichevEdgaras Jankauskas y sobre todo su gran figura, Deco, aunque seguían contando con buena parte de la columna vertebral. A los Vítor Baía, Jorge Costa, Nuno Valente, Carlos Alberto, Costinha, Maniche, Derlei Bennie McCarthy se sumaron los fichajes de Pepe, Giourkas Seitaridis, Hugo Leal, Raúl Meireles, Ricardo Quaresma, Hélder Postiga, Diego Ribas y Luis Fabiano, estos dos últimos buscando su particular vendetta contra los colombianos. Por su parte, el Once Caldas apostó por mantener el bloque campeón. Entre los hombres importantes sólo salieron Valentierra (Al-Hilal FC) y Agudelo (Deportivo Pereira), que fueron reemplazados por el venezolano Leopoldo Jimenez (UA Maracaibo) y el mexicano Antonio de Nigris (Club Polideportivo Ejido), además de Roller Cambindo (Millonarios FC).
 
El 12 de diciembre de 2004 se disputaría el duelo por la Copa Intercontinental entre FC Porto y Once Caldas. Los europeos tuvieron mayor posesión y se toparon con la madera hasta en tres ocasiones, aunque los sudamericanos también tuvieron sus opciones, especialmente en las botas de un Viáfara que una vez más cuajó una actuación brutal. Henao salvaría nuevamente a los suyos en la recta final tras rechazar un cabezazo de Ricardo Costa. Tanto el tiempo reglamentario como la prórroga concluyeron en tablas (0-0), obligando a ir a la tanda de penales. Vanegas, Alcázar, Viáfara y De Nigris convirtieron sus lanzamientos por parte del Once Caldas, mientras que Diego, Carlos Alberto y Quaresma lo hicieron para el FC Porto. Maniche envió al travesaño el cuarto penal de los portuenses y Fabbro pudo darle el título a los de Manizales con el tanto definitivo, pero su tiro se encontró con el palo. McCarthy empató una
 tanda que continuaría con la muerte súbita: Velásquez, Jeffrey Díaz y Cataño anotaron, al igual que Costinha, Jorge Costa y Ricardo Costa. Cuando la serie estaba igualada Edwin García desperdició el noveno cobro y Pedro Emanuel le dio la victoria al FC Porto tras marcar el último penal. "Ellos mantuvieron la posesión del balón mejor que nosotros. Nuestros jugadores estaban relajados y confiados en ganar, pero los penaltis son siempre una lotería", manifestaba Luis Fernando Montoya tras la derrota.
 
El capítulo más oscuro de este relato de felicidad y superación se dio fuera del césped. El director de la orquesta, el entrenador más importante de todos los tiempos del Once Caldas, Luis Fernando Montoya, se convertiría en el protagonista del trágico final de esta historia. En primer lugar, recibiría el premio a Entrenador del año en Sudamérica, sucediendo precisamente a Carlos Bianchi. Sin embargo, el 22 de diciembre de 2004, tan sólo diez días después de disputar la Copa Intercontinental, Montoya recibió dos heridas de bala al intentar defender a su esposa de unos asaltantes frente a su domicilio. Los disparos lo hirieron gravemente y afectaron a su médula espinal; como consecuencia sufrió una tetraplejía irreversible. Este hecho aterrador sembró una nube negra sobre la fantástica historia del Once Caldas. Pero Luis Fernando Montoya es un tipo especial, "un hombre que se ha curtido en dificultades" según contaba Darío Vélez, amigo personal y asistente en el club caldense. No sólo se  convirtió en un ejemplo de superación, sino que seguiría vinculado al mundo del fútbol como analista deportivo para reconocidos medios periodísticos y sería parte del equipo de Deporte y y Convivencia del Instituto de Deportes y Recreación de Medellín (IDRM) como gestor formativo. Además, comenzó a participar en diferentes charlas para los más jóvenes, promoviendo el respeto, la integridad y el juego limpio. Incluso continúa recibiendo visitas asiduas de jugadores y entrenadores que buscan su consejo. Desde aquel fatídico día es un referente para aquellas personas que se hallan en condiciones físicas similares a la suya, ganándose el sobrenombre de 'El Campeón de la Vida'. Gracias 'Profe'.
 
 
 
 

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