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Julián VÉLEZ

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NO LE HAN REGALADO NADA. SIEMPRE HA VIVIDO EN UNA CONSTANTE COMPETENCIA, NO SOLO CON LOS COMPAÑEROS, SINO CONSIGO MISMO. SU RELACIÓN CON EL GOL ERA CASI INSTINTIVA. CRIADO EN EL SAO PAULO, PASÓ POR SEVILLA Y REAL MADRID, FORMÓ PARTE DE UN ARSENAL DONDE AÚN MILITABAN ALGUNOS "INVENCIBLES", ESTUVO CASI TRES AÑOS EN ROMA Y VIVIÓ LA ETAPA MÁS GLORIOSA DEL MÁLAGA. REGRESÓ A BRASIL CON OTROS COLORES PARA SEGUIR AGRANDANDO SU PALMARÉS Y ACOMPAÑÓ, COMO SI CERRARA UN CÍRCULO, A UN ETERNO COMPAÑERO COMO KAKÁ EN ESTADOS UNIDOS. AHORA NOS ACOMPAÑA EN NUESTRO RONDO PARA REPASAR SU CARRERA Y SU VISIÓN DEL FÚTBOL, SIEMPRE CON UNA SONRISA.
 
 
Julián VÉLEZ
 

   
 
 
 
Es impresionante ver la tranquilidad, la humildad y la simpatía que transmite en persona Júlio César Baptista (Sao Paulo, Brasil, 1981). Pasan por la mente tantas imágenes de él jugando con tantas camisetas y marcando tantos goles que cuesta verlo sentado y fuera del campo. Comenzamos en el salón de su casa hablando de lo bien que está físicamente, incluso parece más fuerte que hace algunos años. Habla de sus orígenes y destaca la figura de su abuelo con el respeto y la admiración de quien sabe que la pasión, la sabiduría y el compromiso por el fútbol es un legado que también le pertenece. Sale en la conversación un nombre sagrado, el de Raí, su gran referente como jugador y como seguidor del Sao Paulo FC, del que además es canterano. Es más, ambos llegaron a compartir vestuario en el 2000, el último año en activo de Raí: "Siempre he sido aficionado del Sao Paulo y, entonces, Raí era la gran referencia para todo el mundo. Ha sido parte de mi infancia. Siempre lo he tenido como ídolo. Hacía cosas increíbles...".
 
El fútbol le nació como algo natural, una forma de vida que no se impone, ya que surge de la misma persona. Considera que hoy en día mucha gente cree que el fútbol se escoge por razones económicas, como un camino para llegar a tener los mejores coches y las mejores casas. Pero para él es su gran pasión, y al hablar de fútbol le brillan los ojos con esa aura particular de quien recuerda con felicidad algunos de los instantes más gloriosos de su vida. Por encima de todo, Júlio destaca la importancia de la familia para poder desarrollar una carrera futbolística. Hay que saber bien cómo se debe motivar e incentivar en a los chicos en medio de este proceso tan difícil, porque para llegar a ser un jugador de fútbol profesional hay que pasar por muchas dificultades, y es aquí cuando un niño o un adolescente que no tiene mucho apoyo suele terminar desistiendo.
 
 
 
 
 
 
 
 
Júlio se formó en las inferiores de Sao Paulo, en medio de una gran generación de jugadores fantásticos, con nombres como Fábio Aurélio, Fábio Simplício o un tal Ricardo Kaká, que posteriormente llegaría a ser Balón de Oro con el todopoderoso AC Milan. Baptista recuerda aquellos años con mucho cariño, incluso con nostalgia, pero también con el orgullo de haber superado una etapa en la que la competencia era muy grande: "Ya cuando estuve en el juvenil junior se mezcló mucha gente; Simplício, Gabriel, Kaká… muchos jugadores. Entonces se veía que aquella era una generación muy buena que Sao Paulo había sacado". Los diferenciaban por el año de nacimiento. Los nacidos en 1980 se mezclaban con los de 1981. Al año siguiente, su generación era la de los mayores, así que aumentaba la competencia más si cabe con los más jóvenes que venían apretando desde atrás, los de 1982. La mezcla hacía que todo fuera aún más complicado para ganarse un puesto.
 
Desde muy joven ya tenía una gran amistad con el gol, que lo ha acompañado durante toda su carrera. Pero el físico excepcional que posee hizo que algunos entrenadores apostaran por reajustar su posición. Pita, quien fuera '10' del Sao Paulo durante mucho tiempo, le aconsejó retrasar su posición en los juveniles si quería jugar más. Saber desempeñarse en esta nueva demarcación le aportó mucho conocimiento del juego, pues como mediocentro podía estar siempre en contacto con la pelota. Entonces, comenzó a entender de verdad el proceso del juego, cómo posicionarse, cómo llegar antes y ubicarse ante jugadores más rápidos que él. Ese retraso de posición le permitió progresar y a obtener nuevos recursos que antes no tenía como delantero, como implicarse más en la creación del juego, no perder balones y ser el corazón del juego del equipo.
  
 
JULIÁN VÉLEZ: Debutas muy joven como profesional, con solo diecinueve años. Llama mucho la atención que ya en el segundo año marcaras 10 goles jugando como mediocentro. El gol es algo que siempre te ha acompañado, ¿a qué se debió?
JÚLIO BAPTISTA: Cuando yo era niño jugaba como delantero, pero en el segundo año de infantil y en el primero de juvenil en el Sao Paulo había mucha competencia. Entonces, Pita, un gran jugador y entrenador del Sao Paulo, se acercó y me dijo: "Mira, Júlio, aquí en la delantera no vas a poder jugar mucho porque tenemos muchos jugadores y la verdad es que a mí me encantaría aprovecharte porque físicamente eres el mejor del equipo. Pero en esa posición no te voy a poder aprovechar porque tengo mucho talento y muchos jugadores. Entonces, te digo como consejo, si lo aceptas, que deberías cambiarte de posición". Yo me quedé sorprendido por el cambio. Entonces, él me dice: "Es para que juegues en el mediocentro, no como primero, sino como el segundo, un mixto, que recupere y luego salga con el balón". Fue una oportunidad, tenía que elegir entre buscar otra oportunidad en otro equipo o aceptar lo que me estaba diciendo. Lo hablé con mi familia y al final me cambié de posición. Al principio estaba siempre en el banquillo, pero una vez cogí la condición de titular fui indiscutible.
 
A pesar de su juventud, Júlio Baptista comienza a destacar en Brasil no solo por su juego como mediocentro, sino también por la cantidad de goles que marca. Sus diez tantos en el Campeonato Brasileño de 2001 no pasaron desapercibidos para Emerson Leao, seleccionador de Brasil, quien decide convocarlo por primera vez con la selección absoluta para la Copa Confederaciones de la FIFA 2001 (sería la primera de 48 internacionalidades). Vestir la camiseta de 'La Canarinha' es un sueño para cualquier jugador brasileño, pero también lleva implícita la responsabilidad de llevar el peso de su historia. "Cuando desde pequeño sales de tu país para competir con tu selección ya estás siendo preparado para estar en la principal. Eso me ayudó mucho", y él había tenido la oportunidad de pasar por muchas de las categorías inferiores de Brasil. Por tanto, aunque también sintió ese peso, "no fue igual que cuando de un día a otro de repente te miras y estás con la camiseta de Brasil. Hay personas que se ponen la camiseta y no consiguen jugar porque sienten mucho el peso. Se quedan agarrotados de tanto peso y adrenalina y la presión que uno mismo se pone", explica.
 
 
 
 


   

 

El año 2003 marcó un antes y un después en la carrera de Júlio Baptista. En Sao Paulo notaba que la inestabilidad deportiva e institucional sacudía al club cada vez más, con entrenadores que iban y venían cada tres o cuatro meses. Al final, todo ello perjudicaba la proyección de los más jóvenes, como era su caso. Es en ese momento cuando aparece en escena Ramón Vázquez, un ojeador del Sevilla FC que aprieta mucho para que el jugador termine vistiendo la camiseta del equipo de Nervión. Su agente por aquel entonces le traslada la oferta y lo convence de que el Sevilla FC es la mejor opción para desarrollar su fútbol. "Lo pensé dos o tres días y me decidí. No conocía prácticamente nada porque el Sevilla FC en aquel momento no era tan conocido como hoy. En su momento prácticamente nadie conocía la Liga Española, solo los partidos del Real Madrid y el Barcelona o el Atlético", recuerda.
 

En su adaptación tanto al Sevilla FC como a la ciudad fue muy importante la figura de un Daniel Alves que apenas había aterrizado en la liga seis meses antes. La conexión entre ambos fue instantánea y desde el primer momento se ayudaron mutuamente. Hablamos de un momento en el que empiezan a sumarse muchos brasileños a la liga española. Ya había algunos como Roberto Carlos, Donato, Mauro Silva, Flavio Conceiçao, Djalminha, Catanha, Doriva, Giovanella, Vágner, Thiago Motta, Denílson, Rivaldo o Ronaldo, y eso propició que Brasil abriera más las puertas al fútbol español: Geovanni, Fábio Rochemback, Fábio Aurélio, Sylvinho, Edú, Marcos Assunçao, Frédson, Belletti, Rodrigo Fabri, Ronaldinho, Nené, Sonny Anderson, Ricardo Oliveira o el propio Daniel Alves son solo algunos ejemplos. De esta forma, comienza la aventura de Júlio en España, así como su conexión con un personaje que daría un impulso vital en su carrera gracias a un cambio táctico y de posición: Joaquín Caparrós. 
 
Baptista ya venía jugando sus últimos partidos con Sao Paulo más adelantado. Sin embargo, no conseguía tener la continuidad necesaria para desarrollar su juego, ya que jugaba dos o tres partidos y luego iba al banquillo, dos o tres partidos y luego cambiaban al entrenador, y así fue hasta que salió en dirección a España. Durante la pretemporada con el Sevilla, Caparrós no tardaría en ver su capacidad de desborde y de finalización. Tras probarlo en varias posiciones, en una sesión le llamó y le dijo: "Júlio, te estoy viendo entrenar y estoy viendo que tu posición no es la de mediocentro defensivo, aunque tampoco es la de delantero de espaldas a la portería. Pienso que tu posición es la de mediapunta, entre el mediocentro y el delantero, unos cinco metros por detrás del delantero y unos cinco metros por delante de los mediocentros. Como nosotros aquí jugamos con un 4-4-2 y tú vas a jugar entrelíneas y será un 4-4-1-1". Con Darío Silva jugando como delantero centro, Baptista ahora sí gozaba de la libertad que siempre había buscado. Sin una posición fija que lo anclara, andaba suelto por el campo, lo que le daba muchas posibilidades de manejarse en todas las fases del juego. 
  
Aquel Sevilla era un club que se encontraba en plena construcción. Los de Nervión no dejaban de ser un equipo que peleaba en mitad de tabla. Jugadores como Pablo Alfaro, David Castedo, Javi Navarro, Reyes, Antoñito, Notario, Casquero, Torrado, Redondo... conformaban un bloque competitivo, pero que seguía sin dar ese paso hacia adelante. El verano de 2003 fue un punto de inflexión para la entidad. El director deportivo, Monchi, apostó por dar un salto de calidad a la plantilla. Se incorporaron Esteban, Aitor Ocio, Martí, Antonio López, Carlitos, Hornos, Darío Silva y sobre todo Júlio Baptista, que acapararía las miradas de media liga al convertirse en una de las grandes sorpresas de aquella campaña. El cambio de posición que experimentó sumado a sus ganas de destacar, su poderío físico y su capacidad técnica, desembocaría en las veinte dianas que conseguiría en su primera temporada en Europa. En la retina del aficionado sevillista quedarán actuaciones memorables como su póker de goles frente al Real Racing Club de Santander (5-2). Su bagaje anotador sería determinante para que el equipo se clasificara para competiciones europeas casi diez años después.
 
 
 
 
 
 
  
 

J.V.: En la temporada 2003/04 marcaste hasta 20 goles, siendo el segundo máximo goleador liguero después de Ronaldo. Aunque solo era tu primer año en España, te quedaste muy cerca de conseguir el Trofeo Pichichi.
J.B.: ¡Fue una lástima! Me lesioné mucho aquella temporada. Tuve tres o cuatro roturas de fibras porque jugaba prácticamente todos los partidos. Caparrós me quitaba muy poco de los partidos. Era normal. Con veintiún años tienes que jugar todos los partidos que te pongan y más. Lo que pasa es que ya estaba siendo convocado con la selección y los viajes largos era lo que cansaba más. Yo llegué algún jueves por la noche para entrenar viernes y jugar el sábado. Entonces, son muchos partidos. Fue una pena aquel año porque tuve unas lesiones que me quitaron la posibilidad de ser el Pichichi de la competición. Aunque bueno, también era Ronaldo y con el equipo que tenía aquel Madrid, con Zidane y Figo [risas]. Era un equipazo. Pero bueno, me quedé ahí a cuatro golitos de 'Ronnie'.

 
En su segundo año en el Sevilla, Baptista mantendría su media goleadora, anotando 18 goles en liga, 2 en la Copa del Rey y 5 en la Copa de la UEFA, consiguiendo realizar hasta cinco dobletes. Una vez más sus goles fueron esenciales para que los sevillistas volvieran a clasificarse para jugar competiciones europeas como sexto de la liga. Teniendo en cuenta su rendimiento y su progresión, el verano se antojaba muy movido para él. Primero se alzaría con la Copa FIFA Confederaciones 2005 con la selección. Después, pese al interés de grandes clubes, sería el Real Madrid CF, el equipo con el que había soñado durante años, el que llamaría a su puerta para pagar la cláusula de rescisión de 25 millones de euros. Júlio llegaba así a un Real Madrid que disponía de un brasileño como entrenador, Vanderlei Luxemburgo, y que vivía el ocaso de la 'era galáctica'. Sería la última temporada de Zinédine Zidane y al año siguiente también se marcharían David Beckham, Ronaldo y Roberto Carlos. Precisamente estos dos últimos fueron fundamentales para la adaptación de 'La Bestia', al igual que otro recién llegado como Robinho.
 
Los inicios de Júlio Baptista en el Real Madrid no fueron nada fáciles. Venía de tener un papel protagonista y "la gente estaba esperando lo que venía haciendo en el Sevilla, que eran lo goles". Pero en el Real Madrid lo desplazan más a la izquierda, y ahí no brillaría tanto por su acierto como en Sevilla. Incluso así consiguió buenos números para un jugador que actuaba en esa posición. Sus cifras anotadoras irían de menos a más, especialmente en la segunda parte de la temporada, en la que sus goles darían puntos a los blancos ante el Club Atlético de Madrid (2-1), el CA Osasuna (0-1) o el Villarreal CF (3-3). Al final, acabaría con 9 goles y 4 asistencias en 45 partidos. Y eso que la temporada había sido difícil, con cambio de entrenador incluido, pues "en poco tiempo cambian a Luxemburgo y viene López Caro". Caen en octavos de final de Liga de Campeones ante el Arsenal FC y en semifinales de Copa del Rey contra el Real Zaragoza, y finalizan segundos en liga. Por otra parte, Baptista disfrutaba muchísimo con los entrenamientos de aquel año y con el enorme talento de jugadores como Beckham o Ronaldo, además de compatriota, gran amigo suyo. Pero por encima de todos, "el jugador que más detalles dejaba en los entrenamientos era Zidane". El francoargelino tenía un estilo muy personal, "una forma de jugar que le daba mucha ventaja, y más con la facilidad que tiene al jugar con las dos piernas". Realizaba movimientos al alcance de muy pocos, como el control del balón orientado en dirección contraria al rival. "Era increíble", rememora aún fascinado Júlio.
  
Arsène Wenger había apretado para llevárselo a Londres la temporada anterior, pero el Real Madrid se le había adelantado en su fichaje. En el verano de 2006, el técnico francés pidió su cesión durante una temporada, intercambiándolo por un antiguo compañero como José Antonio Reyes. Para Júlio aquella experiencia resultaría ser increíble. El fervor de los aficionados es lo que más le llamó la atención del fútbol inglés. La pasión y el amor por el fútbol es algo que lo hace diferente, con estadios siempre llenos y que apoyan todo el partido a sus jugadores, vayan ganando o perdiendo. "Hay un córner y se celebra como si fuera un gol, un jugador da una entrada más fuerte y el estadio vibra. El fútbol español es más de técnica, de saber moverse, líneas juntas…", explica. Sin embargo, Júlio considera que el fútbol mundial está en medio de un proceso de cambio muy profundo y que Inglaterra se está adaptando. En la actualidad se están haciendo cada vez más equipos ingleses que se adaptan a este tipo de juego. Si no fuera así, no conseguirían competir, sobre todo con los equipos españoles, que tienen más control del balón y del juego durante muchos minutos del partido.
 
 
 
 
 
 
  
 
J.V.: ¿Qué fue lo primero que te dijo Wenger cuando llegaste?
J.B.: Justo el año que me voy al Madrid Wenger quería llevarme para el Arsenal, pero llegó un poco tarde y era imposible porque el Madrid había pagado la cláusula. No pudo ser, pero cuando por fin llegué al Arsenal me dijo "por fin estás por aquí. Estoy muy contento de tenerte porque hace mucho que quería traerte. Espero que puedas ayudarnos mucho y tienes no solo un entrenador, sino una persona con quién hablar y ayudarte en lo que necesites". Para mí es muy importante, porque recuerdo que un día me llama antes de ir a entrenar y me siento con él y me habla en español: "Nosotros jugamos en este sistema, que es un 4-2-3-1. Dime en qué posiciones crees que puedes jugar". Entonces, le dije las posiciones en las que me gustaba jugar, y él me dice que también pensaba lo mismo. Eso para mí fue muy importante porque me daba confianza. Imagina ver un entrenador tan importante que te dé esa confianza. Es un entrenador que tiene el respeto de todos. Es algo que te pone a pensar en que esa es la confianza que necesitas para desarrollar tu mejor fútbol.
  
Respecto al tipo de fútbol que se practica en Inglaterra, destaca la energía de las acciones y el juego y lo mucho que se debe correr. El balón apenas se conduce dado que es un estilo muy directo, tanto para atacar como para defender: "Recuerdo que en los entrenamientos hacíamos prácticas de dos contra tres y tenías que terminar la acción en menos de siete segundos. Hacer un remate en menos de esos segundos. Eso te fuerza a hacer todo en velocidad y a una intensidad muy alta". Su etapa en Inglaterra se saldaría con 10 goles y 4 asistencias en 35 partidos. Pero si algo marcaría su etapa gunner, sería su gran actuación en un partido que pasará a la historia. El 9 de enero de 2007 se enfrentaban al Liverpool FC de Rafa Benítez en cuartos de final de la Carling Cup. Aquel partido tendría un nombre propio, Júlio Baptista. El brasileño terminaría marcando 4 goles en un encuentro histórico (3-6). Incluso podrían haber sido cinco de no haber fallado un penalti que lo habría puesto en solitario en la cúspide de las estadísticas del Arsenal. Recuerda que tras aquel partido, toda una leyenda del club londinense como Thierry Henry lo llamó personalmente para darle la enhorabuena por su grandísima actuación.
 

A nivel de selección, el 2007 fue un año realmente bueno para Júlio. Brasil venía de caer eliminada en los cuartos de final de la Copa Mundial de Alemania 2006 frente a la Francia de Zinédine Zidane y un equipo ya experimentado que sería subcampeón. Se presentaba una buena oportunidad de relanzarse con la Copa América Venezuela 2007. La verdeamarelha ya había ganado en Perú 2004 doblegando a Argentina en la final, con Baptista en la convocatoria. Pero en Venezuela habría aún más elementos que motivarían al equipo. Sin Ronaldinho ni Kaká, cansados por las competiciones europeas, los galones del equipo recaían sobre Elano, Robinho y Baptista: "Fue la primera vez que tuve la oportunidad de demostrar mi trabajo, de decir que también había otros grandes jugadores en la selección". La historia volvería a repetirse, reeditando la final contra una Argentina que ya contaba entre sus filas con Leo Messi. El José Encarnación Romero de Maracaibo sería el estadio donde Brasil ganaría por 3-0, alcanzando su octavo título y el cuarto en las últimas cinco ediciones. Aquel torneo fue muy especial para Júlio, que marcaría en cuartos de final ante Chile, en semifinales con Uruguay y en aquella final soñada.
 
 
J.V.: ¿Qué sentiste al ganar un título con tu selección siendo protagonista como lo fuiste en aquella Copa América de 2007?
J.B.: Para mí significó mucho más todavía porque yo no iba a ir a la Copa América. Había terminado la competición en Inglaterra y estaba en Brasil de vacaciones. Entonces, estoy un día con unos amigos y me llama un directivo de la CBF (Confederación Brasileña de Fútbol), y me dice "Júlio, ¿tú dónde estás? Zé Roberto acaba de renunciar a la selección y queremos convocarte". Pero ellos necesitaban un documento importante y yo no lo tenía conmigo, estaba en Europa. Y me dice "entonces, lo hacemos así: vas a recoger el documento a Europa, vuelves y luego te presentamos como el sustituto de Zé Roberto". Me fui y en un día recogí mis cosas, me volví... bueno, un follón [risas]. Luego me dieron dos días para descansar en Sao Paulo antes de convocarme, porque la selección ya estaba entrenando. Cuando llego no iba a ser titular, porque por delante de mí estaban Diego y Anderson. Yo era la tercera opción. Es una historia muy interesante porque en el primer partido jugó Diego y perdimos contra México. El segundo partido era contra Chile. Anderson jugó la primera parte, y yo entré en la segunda parte y Brasil jugó un poco mejor. Entonces, Dunga en el tercer partido ya me pone como titular, ganamos a Ecuador y ya no me quita más hasta la final. Para mí fue muy especial.
 
 
 
 
Júlio ha marcado goles de todos los colores a lo largo de su carrera profesional, en total más de 130. Aunque no juegue de delantero desde las categorías inferiores del Sao Paulo, siempre ha demostrado que su relación con el gol es puro instinto. / Marina BENÍTEZ  
 
  
 
La segunda etapa de Baptista en el Real Madrid empieza en el verano de 2007, ya con Bernd Schuster en el banquillo. Fue un año positivo para el club, que gana con solvencia la liga. La jornada 36 dejaría una imagen histórica, con el FC Barcelona haciéndole el pasillo al Real Madrid como justo campeón. Sin embargo, para Baptista no fue tan buen año como podría pensarse. Disputaría una treintena de partidos con solo 4 goles y 2 asistencias, unos números bajos para lo que nos tenía acostumbrados. Eso sí, marcaría uno de los goles más recordados de su carrera, un disparo tremendo a la escuadra de Víctor Valdés que permitió a los suyos ganar en el Camp Nou y conseguir una distancia importante para encarrilar el título de liga. Júlio cree que quizá debió seguir más tiempo en el equipo, pero las circunstancias no eran las ideales y reconoce que tampoco estuvo muy bien asesorado. Además, "también tienes muchas ganas de ser el mejor y de querer jugar. Entonces, a partir del momento en el que se corta esa confianza nunca llegas a coger ni el ritmo ni el nivel físico de una forma importante".
 
Era un equipo extraño aquel Real Madrid. Wesley Sneijder nunca terminó de ser indiscutible, Arjen Robben, que partía como una de las grandes estrellas, no terminó de brillar por culpa de su inestabilidad física y sus constantes lesiones, y Júlio Baptista tampoco consiguió ser indiscutible en el once de Schuster. "No podríamos decir quién era titular y quién era reserva. A Schuster le gustaba rotar mucho, pero aunque rotes, creo que también hay que tener una estabilidad", pues es la única forma de crear automatismos y de incrementar el rendimiento de muchos jugadores, a través de la dinámica que implica ser titular. "Yo no tuve la continuidad y la posibilidad de jugar más para demostrar realmente lo que ya había hecho en el Sevilla. También es normal porque el Real Madrid tenía muchos más jugadores y era más difícil, pero creo que podría haber demostrado un poco más", confiesa.
 
E14 de agosto de 2008, Baptista finaliza su etapa en el Madrid y emprende su viaje a la Serie A italiana para enrolarse en la AS Roma. El técnico Luciano Spalletti confiaba plenamente en él y le tenía un gran respeto y aprecio. Debido al estilo de juego "fue un poco complicado porque era una liga totalmente diferente a la española. Yo la comparo un poco con la liga brasileña pero con más táctica. Los jugadores son tácticamente muy, muy obedientes. Saben lo que tienen que hacer y si el entrenador les dice que tienen que estar ahí, el jugador va a estar todo el partido sin subir. En Brasil eso no pasa, ya habría subido treinta veces". Aun así, tuvo un papel importante en Roma. Llegó pudiendo ganar un título, "la Supercopa de Italia contra el Inter, pero infelizmente Totti falló un penalti, lo mandó al palo, después falló Juan, marcaron y ganaron ellos". Individualmente hizo una buena temporada, anotando 11 goles. Pero la escuadra giallorossi solo pudo quedar sexta y llegar hasta los octavos de final de Champions League, donde caería ante el Arsenal.
 

Uno de los momentos más felices de aquella temporada llegaría en la duodécima jornada con la disputa del Derby di Roma. Aquel partido se decidiría gracias a un
cabezazo inapelable de 'La Bestia'. Y es que Júlio tiene su propia historia con los derbis y los clásicos. Ha logrado marcarle a SE Palmeiras, Atlético de Madrid, Totteham Hotspurs FC, Fulham FC, FC Barcelona, SS Lazio... marcando, además, goles importantes. A pesar de venir de ganar su segunda Copa Confederaciones, en su segundo año en Italia jugó un poco menos. El cambio en el banquillo de Spalletti por Claudio Ranieri no le ayudó mucho, aunque a nivel colectivo el equipo supo rehacerse de la eliminación en dieciseisavos de Europa League contra el Panathinaikos FC. En liga solo perdieron un partido en más de seis meses, pero esa derrota en casa con la UC Sampdoria sería la que les dejaría sin un título liguero que iría a parar a las manos del FC Inter de Milán de José Mourinho, que aquel año ganaría el triplete. Tras vivir una experiencia agridulce en la Copa Mundial de Sudáfrica 2010, perdió mucho protagonismo en Roma, jugando solo 8 partidos y ninguno como titular, por lo que buscó otras opciones que le llevarían de nuevo a España. 
 
 
 
 
 
 
 
 
J.V.: En el invierno de 2010 llegas al Málaga, pero al poco tiempo sufres dos lesiones graves, una seguida de la otra. ¿Cómo se puede sobrellevar una situación así?
J.B.: Es duro porque te lesionas y al final ves a los demás jugando y tú no puedes. Es una impotencia. Como decía Caparrós, "es una fuerza mayor". Quieres pero no puedes. Hay cosas que hay que aceptar. Infelizmente me lesioné, le tenía que dar la vuelta y trabajar para mejorar y estar bien. Y tienes que ser fuerte mentalmente, porque si no, al final no acabas de recuperarte. Fue muy difícil la lesión porque fue una seguida de la otra, pero como todo en la vida, todo pasa. 
 
Su paso por el Málaga CF no se puede entender sin la figura de Manuel Pellegrini: "Tenían un equipo muy limitado. Pellegrini me llama y me dice que quiere contar conmigo". Antonio Fernández, director técnico del club, conocía a Baptista de su etapa en Sevilla y le llamó para transmitirle que el Málaga quería hacer un equipo importante. Júlio "veía una buena oportunidad para volver a España". Aquel Málaga luchaba por no descender, pero acudiría al mercado invernal para reforzarse con jugadores veteranos como Martín Demichelis o Enzo Maresca y jugadores con proyección como Ignacio Camacho Sergio Asenjo, además de Willy Caballero, quien llegaría para sustituir al portero palenciano debido a una lesión grave de rodilla. "Para que veas que el fútbol es una dinámica", en apenas dos meses con Pellegrini el equipo comienza a crear un juego más ofensivo y atractivo. "En la segunda vuelta fuimos el equipo que más puntuó después de Barça y Madrid", ganando en plazas como el Estadio de Anoeta o el Vicente Calderón. Baptista reaparece tras su lesión en abril y muy motivado, haciéndole dos goles al RCD Mallorca. En total, anota 9 goles en 11 partidos, marcando en cinco jornadas consecutivas. "Con tres jornadas más nos habríamos clasificado para la UEFA", asegura.
 
En la temporada 2011/12, el jeque Al Thani, propietario del Málaga, realiza una fuerte inversión para armar "un equipo muy competitivo" y ficha a jugadores de la talla de Ruud van Nistelrooy, Joaquín Sánchez, Nacho Monreal, Jérémy Toulalan, Javier Saviola, Joris Mathijsen, Santiago Cazorla o un joven Isco Alarcón que ya mostraba su potencial. Sin embargo, la mala suerte volvería a cernirse sobre Júlio. El 1 de octubre, precisamente el día de su cumpleaños, marcaría un
gol de chilena en el descuento ante el Getafe CF (3-2) y se lesionaría de nuevo. Esta vez necesitaría una operación que le mantendría en el dique seco más de un año. El equipo haría historia al finalizar cuarto en liga, clasificándose por primera vez para la Liga de Campeones. Aunque no todo iba a ser de color de rosas. En el verano de 2012, el Málaga se ve obligado a realizar una reestructuración interna para adaptarse a los estándares que establecía la UEFA sobre el Fair Play financiero. Salen Mathijsen, Monreal, Maresca, Cazorla, Rondón y Van Nistelrooy, y llegan Vitorino Antunes, Oguchi Onyewu, Diego Lugano, Manuel Iturra, Pedro Morales y Roque Santa Cruz. Incluso en diciembre del mismo año el club es sancionado económicamente por el Comité de Control Financiero de Clubes y es excluido de la próxima competición europea.
 
Deportivamente, la 2012/13 fue muy buena para el Málaga. Si bien en liga no logró ser tan regular (acabó sexto), el papel en Europa fue casi sobresaliente. Acabaron invictos y líderes de su grupo, superando a AC Milan, FK Zenit y RSC Anderlecht. El cruce de octavos sería contra el FC Oporto, coincidiendo con la vuelta de Baptista. En el primer partido vencerían los portugueses con un tanto de Joao Moutinho (1-0) y la vuelta en La Rosaleda se saldaría con un 2-0 para los locales gracias a los goles de Isco y Santa Cruz. Los cuartos de final se tornaban más que difíciles contra el BV Borussia de Dortmund de Jürgen Klopp. La ida en Málaga quedó 0-0 y todo se definiría en Alemania. Joaquín adelantaría al Málaga a los veinticinco minutos, pero Robert Lewandowski, la gran revelación del torneo, marcaba poco después. En el 82 llegaría el 1-2 de Eliseu, dejando a los blanquiazules a un paso de semifinales. Pero el fútbol siempre guarda sorpresas. Marco Reus empataría en el 91, y, como si de una broma se tratara, Felipe Santana haría el gol de la victoria dos minutos más tarde, clasificando a los alemanes y destrozando el sueño malaguista. Al final la temporada se avecinaba un escenario complicado en la Costa del Sol debido a los problemas financieros, por lo que muchos jugadores salieron del club.
 
   
   
 
   
 
 
"Júlio Baptista siempre ha defendido en sus dos temporadas y media los intereses del Málaga CF, y durante las recientes negociaciones ha respetado y deseado en todo momento lo mejor para nuestro club", destacaba Vicente Casado, director general del Málaga, tras la rescisión del contrato del mediapunta brasileño. El próximo destino de Júlio Baptista sería algo inesperado. A finales de julio de 2013, el Cruzeiro EC lo convenció para que fichara por un equipo que pretendía aspirar a todo: "Creo que el fútbol brasileño ha mejorado mucho y que hoy en día tiene entrenadores y jugadores más preparados". Dirigida por el técnico Marcelo Oliveira, la plantilla celeste contaba con futbolistas de nivel como el guardameta Fábio, los defensas DedéCeará Mauricio Victorino, los centrocampistas TingaLucas Silva, Ricardo GoulartÉverton Ribeiro Diego Souza o los delanteros Alejandro Martinuccio, Humberlito Borges Dagoberto. En un campeonato tan igualado como el brasilero, Cruzeiro ganó el Braisleirao con hasta 11 puntos de ventaja respecto al segundo. En 2014, con Júlio desde el inicio, repetirían la hazaña con un bloque muy similar. En aquella temporada, Baptista volvería a sus registros habituales con 11 goles.
 
 

J.V.: ¿Cómo fue tu vuelta a la liga de Brasil?
J.B.: Yo no quería volver ni entraba en mis planes porque estaba muy contento. Siempre creí que el juego de Europa se adaptaba mejor a mi fútbol que el de Brasil. Lo que pasa es que el Málaga estaba en una situación financiera muy complicada y no tenía otra que vender a todos los jugadores. Yo fui el último jugador en salir. Al final me fui y empecé una nueva aventura. El hecho de no querer volver a Brasil era porque yo me había criado en las categorías inferiores del Sao Paulo. Entonces, sería volver para ir a una ciudad que no era la mía y a un equipo que tampoco es el mío. Pero un directivo del Cruzeiro me convenció de que se estaba creando un equipo especial, para ganar, y la verdad es que tenía razón. Yo con Sao Paulo nunca tuve la oportunidad de ganar, pero con el Cruzeiro fui bicampeón brasilero y campeón del Mineiro. Entonces, eran tres títulos en dos años. Ya ganar una liga en Brasil es muy difícil porque hay diez equipos con muchas posibilidades. Ganar dos veces y de forma consecutiva es aún más difícil todavía.
 

J.V.: Después, te marchas al Orlando City de la MLS, donde te reencuentras con Kaká ¿En qué punto está el fútbol estadounidense?
J.B.: Está creciendo, aunque le falta bastante. Orlando es un equipo recién formado, con solo dos años. Cuando vienes de equipos de Europa ves que falta introducir cosas del modelo de juego de Europa europeo para que el fútbol de allí algún día pueda llegar a estar cerca de lo que es nuestro fútbol. Pero de todo se aprende. El fútbol le gusta a la gente pero tienen otro concepto, no tienen esa competitividad y esa rivalidad que tenemos en Europa. Es más light. Ganar o perder para los jugadores no tanto peso como aquí. Creo que influyen mucho también los sueldos, entonces, los jugadores no tienen la responsabilidad adecuada para la competición. Son jugadores que vienen del instituto, ganan poquito dinero y al final para ellos es fútbol pero con otra visión. Según mi punto de vista, lo entienden de una forma diferente, no lo ven como lo más importante de sus vidas.

 
La aventura estadounidense de Baptista se saldaría con 23 partidos y 6 tantos y una experiencia inolvidable con un club que apenas contaba con dos años de historia. El delantero paulista se despidió de los aficionados del Orlando City SC y de la MLS con un 
gol en su último partido, ante el DC United. Después de acabar su contrato con los de Florida, realizó algunas funciones en representación de la selección brasileña, a la que siempre ve "favorita para todo por el peso de la camiseta amarelha y de la historia. Eso los equipos lo respetan", sin embargo, admite que "ahora no es como antes, que jugabas con selecciones inferiores y sabías que más de cuatro iban a caer. Hoy en día si ganas de uno ya es mucho, porque contra un equipo que tiene una lectura y un buen planteamiento táctico es muy difícil jugar". El fútbol para Júlio "lo es todo": "Ha sido toda mi carrera y es toda mi vida". Su trayectoria es digna de recordar, y no solo por sus éxitos. La constante superación de obstáculos supone un logro tan meritorio como cualquier título. Júlio lo sabe bien y lo cuenta con naturalidad. Es un amante del deporte y siempre da el máximo d sí mismo para  mantenerse en plena forma. De hecho, en 2017 estuvo a prueba en el Bolton Wanderers FC, y un año después acabaría firmando por el CFR Cluj rumano. A pesar de ser una persona relajada, nunca perderá ese nivel de exigencia y ese instinto competitivo que ha demostrado tener en todos y cada uno de los equipos por los que ha pasado. Júlio César Baptista siempre será ese gran futbolista del que dirán aquello de "se viene 'La Bestia'".

 
 
 
 

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