La imagen no esta disponible
La imagen no esta disponible
La imagen no esta disponible
EL NERVIO
DE LA PASIÓN
JOAQUÍN CAPARRÓS
La imagen no esta disponible
La imagen no esta disponible
Slider
 
  

       
LAS PERSONAS SOMOS SERES PURAMENTE EMOCIONALES. LAS ILUSIONES SON EL MOTOR DE NUESTRA EXISTENCIA Y NOS AYUDAN A SEGUIR ADELANTE. "SE HACE CAMINO AL ANDAR", DECÍA ANTONIO MACHADO REFIRIÉNDOSE A LA VIDA, Y ES QUE ES VITAL ANDAR CON ENTUSIASMO, SINTIENDO PASIÓN POR CADA PASO. JOAQUÍN CAPARRÓS SIEMPRE TUVO CLARO SU CAMINO Y LUCHA CADA DÍA POR SEGUIR RECORRIÉNDOLO CON LA MISMA INTENSIDAD QUE AL PRINCIPIO.
 
 
José GORDILLO
 

   
 
  
 
"Cuando mi padre me llevaba a los partidos del Sevilla, después llegaba al barrio y con todos los amigos repetíamos la jugada del gol que antes había visto en el campo". Con estas palabras abre nuestra entrevista Joaquín Caparrós tras recibirnos amablemente en su casa. Joaquín es una persona inquieta, muy enérgica, e incluso estando sentado parece que a veces le cuesta estar tranquilo. Ese carácter tan marcado es el que siempre le ha hecho llevar la iniciativa en su carrera profesional. Su padre le llevaba al Estadio Ramón Sánchez-Pijzuán siendo un crío y fue allí donde comenzaría a empaparse de su gran pasión: el fútbol. Por aquel entonces, él ya sabía perfectamente a lo que querría dedicarse en el futuro. Tenía las ideas muy claras. Tanto es así que con tan solo 11 años conseguía que sus amigos le hicieran caso y pusieran en práctica aquellos primeros sistemas de juego que dibujaba en su cabeza, diseñados a partir de todo lo que veía sobre un campo de fútbol. "Siempre he dicho que soy un entrenador vocacional y desde muy pequeño eran señales de que, efectivamente, iba a ser mi profesión", asegura con rotundidad.
 
Joaquín Jesús Caparrós Camino nació el 15 de octubre de 1955 en la localidad sevillana de Utrera. Él describe el lugar en el que se crió como "tierra de flamencos". Es más, le encanta el flamenco y le habría encantado "saber tocar las palmas, la guitarra y bailar", aunque lo suyo siempre fue el balompié. Empezó a jugar al fútbol en el Colegio Salesiano Santísima Trinidad y se desarrolló como futbolista en el filial del Sevilla FC para, posteriormente, pasar a los juveniles del Real Madrid CF. En la cantera madridista comenzaría a fijarse sobre todo en la labor de técnicos como el serbio Miljan Miljanic, un auténtico revolucionario de los métodos de entrenamiento, y aprovechaba para tomar nota de cada una de las sesiones que presenciaba. Después de su formación, militaría en las filas de CD LeganésCD PegasoAD TarancónAD San José Obrero y Unión Balompédica Conquense. Joaquín se desempeñaba en la posición de mediocentro: "Técnicamente era buen jugador, un poco lento, buen pasador, poco agresivo... esas más o menos eran las características de mi fútbol". Si bien tenía condiciones más que interesantes para jugar, en su interior solo pensaba en entrenar. Ya con 18 años fue a la Federación Madrileña de Fútbol con el objetivo de obtener el título de entrenador, pero Teodoro Nieto, por entonces presidente del Colegio de Entrenadores, le aconsejó que siguiera jugando, aunque fuera solamente para entender mejor toda esa atmósfera que rodea al futbolista.
 
 
JOSÉ GORDILLO: He leído en varias ocasiones que siendo canterano del Real Madrid te fijabas mucho en entrenadores como el serbio Miljan Miljanic.
JOAQUÍN CAPARRÓS:
Sí, cuando era muy jovencito, con 17 o 18 años, el Real Madrid firmó a un entrenador distinto a lo que había hasta entonces en nuestro fútbol. Trae creo que al primer preparador físico, Felix Radisic, y, por lo tanto, los entrenamientos eran muy distintos a los que se estaban realizando. Él ya utilizaba un técnico por línea. Eso a mí me llamaba mucho la atención y, después de mis entrenamientos en la ciudad deportiva del Real Madrid, pues me quedaba y tomaba nota de cómo corregía y cómo intentaba enseñar a los canteranos que habían subido de las categorías inferiores.
 
 
  



  
 
A pesar de que seguiría el consejo de Teodoro Nieto, Joaquín Caparrós no tardaría mucho en retomar su idea original. A los 26 años decidió volcarse de lleno en su carrera como técnico. En la escuela de entrenadores conocería a Benito Floro, quien sería su maestro, su gran referente y al que siempre ha considerado "un vanguardista". En aquellos años, Joaquín estudiaba mucho al preparador asturiano por "cómo gestionaba los entrenamientos, lo metódico que era y cómo concebía el fútbol como es ahora". Además, el 'Profesor' Floro siempre estaba dos pasos por delante del resto: "En el Albacete tenía muchísimos técnicos, especialistas y nutricionistas, cosa que no existía en el fútbol. Tenía su psicólogo, que ahora la mayoría lo llevan, su preparador físico... y te estoy hablando de hace casi treinta años", es decir, cuando nadie pensaba en ello. Salvando las distancias, para Joaquín, Benito Floro podía ser lo que Pep Guardiola ha sido en estos últimos años, pero "con una diferencia. Benito sube al Albacete a Primera División, lo convierte en el equipo revelación y firma con el Real Madrid. Ese año tiene la mala suerte de no conseguir dos títulos, uno por el famoso partido en Tenerife y luego pierde la final de Copa. Pep consiguió títulos en el primer año y eso hace que aún se reafirme más".
 
 
El fútbol modesto como base
 
El bautismo de Joaquín Caparrós al frente de los banquillos llegaría en 1981. "La universidad para el entrenador es el fútbol modesto", afirma, y sus primeros años de facultad los cursaría en Cuenca, concretamente en el campo municipal Obispo Laplana, hogar de la AD San José Obrero. En 1984 pasa a entrenar en categoría nacional con el Campillo CF y dos años más tarde aterriza en el Motilla del Palancar CF, al que consigue ascender a Tercera División. Aquel sería su primer triunfo, pero ni mucho menos el último. Tras una "buena experiencia" dirigiendo a los cadetes de la selección de Castilla-La Mancha (entre los que figuraban, por ejemplo, Javier Casquero o Jesús Muñoz), su rendimiento como ténico empieza a ser cada vez más notable. En un periodo de apenas cinco años clasifica para la fase de ascenso a Segunda División B a tres clubes diferentes: CF Gimnástico de Alcázar (1991/92), Unión Balompédica Conquense (1992/93) y Moralo CP (1995/96). Entre medias, en la también realizaría una temporada más que aceptable en el Manzanares CF (1994/95). Para cosechar buenos resultados y poder cumplir metas hacen falta grandes dosis de esfuerzo y dedicación y, por supuesto, no perder nunca la motivación. Joaquín era plenamente consciente de ello, por eso siempre ha intentado ser lo más profesional posible: "¿Qué es profesional y qué no lo es? Profesional es aquel que se dedica a algo y tiene que estar viviéndolo, si no, no puede estar con la intensidad necesaria". Mantener ese nivel de intensidad es más fácil si sientes verdadera vocación por lo que estás haciendo. "Aun teniendo otro trabajo, mi profesión de entrenador siempre la he considerado profesional porque buscaba el tiempo necesario para mi formación y, lógicamente, para mi mejora", destaca el técnico utrerano, quizá recordando aquellas clases en Albacete o los casi 700 kilómetros que recorría a diario en sus viajes entre Cuenca y Navalmoral de la Mata para entrenar al Moralo CP.
 
En el año 1996 la trayectoria de Joaquín Caparrós experimentaría un importante salto de categoría. El RC Recreativo de Huelva, anclado varios años en la Segunda División B, llamó a sus puertas para plantearle un reto tan exigente como apasionante. Joaquín recuerda perfectamente aquellos primeros días en la entidad onubense: "Llamaban la atención mis métodos de trabajo. Eran trabajos que yo ya hacía en los equipos modestos, pero claro, en una ciudad como Huelva, siendo el Decano del fútbol y con más medios de comunicación, todo lo que hacía tenía mucha más repercusión que en los equipos como Campillo, Moralo, Alcázar... Mis métodos eran los mismos que en los equipos más modestos". En el antiguo Estadio Colombino dirigiría a futbolistas muy recordados en el club como César Quesada, Juanma Rodríguez, Luci Martín, Alberto MonteagudoJulio Pineda, Rodolfo Bodipo o Iván Rosado. En su primer año, los blanquiazules se clasificaron para la fase de ascenso a Segunda División como cuartos del Grupo IV, aunque se quedarían a un punto de conseguir el objetivo tras perder el último partido de la liguilla con el CD Numancia (2-0). Al año siguiente, los onubenses mejorarían sus prestaciones, clasificándose como segundos. En esta ocasión ganarían cinco de los seis partidos de la liguilla, devolviendo al club a Segunda División casi una década después. En la tercera temporada de Caparrós en el banco, ya en la división de plata, finalizarían el campeonato en duodécima posición, siendo el equipo que menos goles encajó de toda la categoría.
 
 
 
 
 
 
 
El prestigio de Joaquín Caparrós estaba en auge. Una buena prueba de ello fue su elección como técnico de la selección de Andalucía en el periodo comprendido entre el año 1998 y el 2000. En junio de 1999 firmaría por el Villarreal CF, que acababa de descender a Segunda División tras su primera temporada en la élite. Pese a que se encontró con una plantilla confeccionada para ascender (Javier López Vallejo, Quique Medina, Diego Cagna, Javi Gracia, Gica Craioveanu, Moisés García...), su etapa con el conjunto amarillo no fue todo lo prolífica que a él le hubiera gustado: "En el fútbol la palabra ciclo es una palabra también muy hecha y depende de muchas cosas, o sea, el ciclo no es solamente a largo tiempo sino también puede ser a corto plazo. Un ciclo puede ser de ocho o diez años pero puede ser también de tres meses. Por ejemplo, cuando tú vas a un equipo, llevas poco tiempo y dices "este no es el equipo donde yo tenía que estar"". El ciclo de Caparrós en El Madrigal duró exactamente siete jornadas. Su idea de juego aún no había acabado de cuajar en el equipo y, tras 2 victorias y 3 empates, 2 derrotas seguidas provocaron su destitución. "Tan importante es tu trabajo como saber a dónde tienes que ir a trabajar", señala. No obstante, siempre ha repetido que no se arrepiente de su paso por Villarreal, ya que "fue corto, pero muy intenso" y le sirvió para madurar. El técnico utrerano es bien sabedor de que el fracaso solo es una parte más de ese proceso que debemos afrontar para alcanzar nuestra meta.
 
 
La llamada del Sevilla FC
 
27 de abril del año 2000. El Sevilla FC, descendido ya matemáticamente a Segunda División, anunciaba la contratación de Joaquín Caparrós como su nuevo entrenador para la próxima temporada (2000/01). Así pues, a Joaquín le llegaba la oportunidad de entrenar al club de sus amores, ese al que siempre iba a ver cuando era niño. Los sevillistas arrastraban tres años muy convulsos en los que habían descendido a Segunda División en dos ocasiones (1996/97 y 1999/00). La delicada situación económica de la entidad obligó a vender futbolistas importantes como Carlos Marchena (SL Benfica), Jesuli (RC Celta de Vigo), 'Mami' Quevedo (Rayo Vallecano), Vassilis Tsartas (AEK Atenas FC) o Juan Carlos (Club Atlético de Madrid). "El equipo de la casta y el coraje" necesitaba hombres que hicieran honor a su himno y Caparrós era la persona ideal para capitanear el barco. La otra pieza clave del proyecto sería Ramón Rodríguez Verdejo 'Monchi'. El ex portero sevillista se haría cargo de la secretaría técnica basándose en una economía de guerra. "No hay ni para balones"De esta forma, llegarían Antonio Notario (Granada CF), David Castedo (RCD Mallorca), Pablo Alfaro (CP Mérida), César Caneda y Taira (UD Salamanca), Javi Casquero (Club Atlético de Madrid 'B'), Diego Ribera (Córdoba CF), Míchel (Rayo Vallecano) o Luis Tevenet (UD Las Palmas). Además, el gran trabajo realizado en las categorías inferiores daría sus frutos y los Víctor Salas, Paco Gallardo, Antoñito o José Antonio Reyes desempeñarían un papel fundamental en el primer equipo. Joaquín Caparrós supo trasladar sus planteamientos tácticos al césped de manera inmejorable y la escuadra blanquirroja funcionó desde primer hora, arrancando con 4 victorias consecutivas. La primera campaña de Caparrós al frente de su Sevilla concluyó con un broche inmejorable: récord histórico de victorias (23) y campeones de Segunda División.

 
Una vez que habían ascendido a Primera División, el objetivo de los sevillistas no era otro que asentarse en la máxima categoría. El entonces presidente hispalense, Roberto Alés, tenía claro que lo que había funcionado no debía cambiarse. El tándem Caparrós-Monchi era incuestionable. Javi Navarro (Elche CF), Juanmi (Recreativo de Huelva), Zoran Njegus (Atlético de Madrid), Alfonso Vera (CA Osasuna), Mario Cotelo (Real Sporting de Gijón), Tomás Hervás (RC Celta), Luis Gil (Real Murcia CF), Moisés García (Villarreal CF) y Mariano Toedtli (UD Salamanca) fueron los refuerzos para el retorno a Primera, sumándose más tarde en el mercado invernal el fichaje del mexicano Gerardo Torrado (Club Polideportivo Ejido). Aquel significaba también el debut de Joaquín Caparrós en la élite. El conjunto andaluz demostró ser un rival complicado, sólido y aguerrido. Al final de la primera vuelta ya tenía muy bien encarrilada la permanencia con 27 puntos, situado a 8 del primero, el Real Madrid. En la segunda vuelta fueron mucho más irregulares. Aun así, el gran momento de forma en los últimos meses de competición del argentino Mariano Toedtli y las 4 victorias en los cuatro últimos partidos de liga llevaron al Sevilla hasta los 53 puntos. El equipo se quedaría a solo un punto de los puestos que daban acceso a competición europea, acabando como el cuarto equipo con menos goles en contra y convirtiéndose en una de las revelaciones de aquella liga.
 
  
 
 
 
 
 
J.G.: En el año 2000 volviste a tu casa, al Sevilla FC. En tu primera temporada ascendéis y al año siguiente casi os metéis en competiciones europeas. Eráis uno de los equipos más rocosos de la liga, con muchos futbolistas de la cantera. ¿Qué tenía aquel Sevilla que lo hacía tan competitivo?
J.C.: Teníamos un compromiso. La palabra compromiso, implicación, es una palabra muy socorrida y se lleva mucho en el mundo del fútbol, porque te saca de muchas situaciones en una rueda de prensa o en cualquier pregunta que te hagan tus compañeros los periodistas. Pero es cierto que había mucho compromiso y mucha implicación. Cuando me ficharon, el Sevilla estaba en una situación muy delicada, recién descendido a Segunda División. Entonces, había que traer futbolistas a coste cero, jugadores con carta de libertad. Por lo tanto, se les daba la oportunidad de hacer cosas grandes en un club con la historia y la importancia que tenía en el fútbol no solamente nacional sino a nivel europeo. Hicimos una pretemporada en la que sí que fuimos creando y cohesionando un grupo y los resultados fueron muy buenos porque se ascendió ya en el primer año. Poco a poco nos dio tiempo a ver la cantera y a darnos cuenta de que en el filial del Sevilla en ese momento había muchísimo talento, y entre todos los técnicos lo aprovechamos y, al final, dio su fruto.
 
J.G.: Entre ese talento siempre hablas maravillas de José Antonio Reyes, al que convertiste en el jugador más joven en debutar en Primera División en la historia del club. ¿Qué tenía Reyes que tanto te llamaba la atención?
J.C.: Pero no a mí, nos llamaba la atención a toda la gente del fútbol. Reyes era un superdotado física y técnicamente. Era un jugador que dominaba todas las facetas del juego y luego físicamente era muy poderoso. Entonces, con la edad de 15 o 16 años era un jugador que hacía cosas que era muy difícil hacerlas en un campo de fútbol. Sí que nos sorprendía y la prueba está en cómo debutó en el Sevilla y cómo, tan jovencito, lo fichó un equipo como el Arsenal.
 
La temporada 2002/03 debía ser la de la consolidación definitiva del Sevilla FC en Primera División, después de varios años de mucha inestabilidad. Habría pocos retoques en la plantilla, más allá de los fichajes de Juan Carlos Caballero (UE Figueres), Juan Luis Redondo (Elche CF), Vinny Samways (UD Las Palmas), Marcos Vales (Real Zaragoza) y el regreso tras cesión del canterano Antoñito tras su paso por el Recreativo de Huelva. Los nervionenses no tuvieron un inicio fácil. En los primeros 12 partidos habían cosechado 2 victorias, 5 empates y 5 derrotas. Pero cuando peor pintaba la cosa el Sevilla daría la campanada en el Camp Nou, donde golearía al FC Barcelona que entonces entrenaba Louis van Gaal (0-3). Con el paso de las jornadas irían recuperando su característica solidez defensiva, especialmente gracias a la expeditiva pareja de centrales formada por Javi Navarro y Pablo Alfaro, el capitán, a quien Joaquín Caparrós utilizaba "para que diera un poco de ejemplo a lo que era el grupo". El factor psicológico es tan importante para Joaquín que sus técnicas incluso se salen un poco de lo convencional. Y es que en alguna ocasión el técnico utrerano hizo llegar tarde al entrenamiento al propio Pablo Alfaro a propósito, para sermonearle fuertemente delante de todos y así motivar al resto del vestuario. "Pablo era una persona que desde el primer momento fue muy importante en ese vestuario. Siempre tiene que haber una buena empatía con tu plantilla, pero sobre todo con el capitán", aclara, pues "los capitanes y el entrenador tienen que tener una buena relación, entenderse y hablar claro".
 
Una de las señas de identidad de los equipos dirigidos por Joaquín Caparrós es que siempre han empezado a construirse desde la fortaleza defensiva. Sin embargo, la parte negativa es que no era fácil conseguir hacer goles en un equipo que invertía tantas energías en defensa, con un doble pivote de mucho trabajo como el que solían formar Javi Casquero y Gerardo Torrado. La producción ofensiva sevillista se basaba en buena medida en las jugadas a balón parado (gracias también al durísimo golpeo de balón de Casquero), en la creatividad de hombres de banda como Marcos Vales, Paco Gallardo y Fredi Lobeiras, en los contragolpes y en el talento individual de sus delanteros. En teoría, la responsabilidad en ataque debía correr a cargo de Moisés García y Mariano Toedtli, pero fueron dos canteranos como José Antonio Reyes y Antoñito los que adquirieron más protagonismo, marcando aquel año 11 y 9 tantos respectivamente. Los números del Sevilla FC al término de la primera vuelta del campeonato reflejaban a la perfección tanto sus virtudes como sus carencias; hasta aquel momento era el conjunto menos goleado de la liga (15) pero también el menos goleador (15).
 
 ddd

 
 
 
La floja primera vuelta del Sevilla FC (decimocuarto en la tabla con 22 puntos) limitaba mucho las posibilidades soñar con aspirar a algo más. Por esta razón, el club decidió acudir al mercado invernal para reforzar la plantilla. En primer lugar, conseguiría la cesión del internacional griego Nikos Machlas desde el Ajax de Ámsterdam, un fichaje que si bien generó gran expectación en la afición, apenas aportaría 2 goles en 14 partidos, ambos en la victoria contra el Villarreal CF (3-1). Unas cuantas horas más tarde de la llegada del atacante heleno, aterrizaría en Sevilla un lateral brasileño de Bahía de tan solo 19 años llamado Daniel Alves. "Daniel era un competidor, un animal competitivo desde que llegó, por tanto, nosotros ahí no tuvimos que hacer nada, solo ponerlo a jugar. Él es un hombre con un gran nivel técnico y competitivo", recuerda un Joaquín Caparrós que no lo haría debutar hasta finales de febrero, pues en sus primeros meses en Sevilla sembraba algunas dudas por ser demasiado anárquico. Tanto Daniel Alves como Nikos Machlas ofrecerían un rendimiento bastante discreto en aquella media temporada y los sevillistas no mejoraron demasiado en la segunda vuelta de liga: por un lado, incrementaron las cifras de anotación (23 goles marcados), pero, por otro, descuidaron más la defensa (24 goles encajados). Las mayores alegrías llegarían en el derbi sevillano. Si en el primer duelo habían empatado en casa (2-2), en el segundo doblegaron a domicilio al Real Betis Balompié con un gol de Marcos Vales (0-1). Finalmente, cerrarían el curso como décimos clasificados, acabando como el tercer conjunto que menos goles había encajado en la competición (39).
 
 
J.G.: En sus inicios en el club, Daniel Alves llegó a decirte algo así como que "el fútbol no tiene límites ni reglas". Resulta llamativo porque cuando aterrizó en Sevilla era un futbolista muy anárquico y tus equipos siempre han destacado precisamente por ser muy ordenados. ¿Se absorbe mucho del futbolista? ¿Te cambian a veces la visión de las cosas?
J.C.:
No, es que el entrenador se tiene que adaptar. Está claro que el fútbol es colectividad y hay que jugar en equipo, pero no puedes cortar el talento y la creatividad de un jugador. Igual que pasaba con Diego Capel, Paco Gallardo o Jesús Navas, que son futbolistas regateadores. Tú no les puedes cortar la iniciativa de ser regateador, ¿por qué?, porque yo, además, a esos futbolistas les insistía en que les había subido al primer equipo por esas características, no quería que hicieran otra cosa distinta a lo que estaban haciendo en las categorías inferiores. Si Jesús Navas era un jugador regateador que buscaba el uno contra uno, lo tenía que hacer, igual que Diego Capel, Reyes... Igual que Sergio Ramos, que siendo muy jovencito tenía que demostrar y hacer ver en el vestuario que tenía una personalidad fuerte. Si tú quieres traer y subir a un chico, lo subes por lo que ha sido, no por lo que quieres que sea. Está claro que tú le vas enseñando, vas corrigiéndole, van asimilando los conceptos de la alta competición, pero al futbolista tienes que darle su creatividad y lo que tiene dentro, si no, estás cortándolo.
 
"Abónate a soñar", cantaba Pastora Soler en la campaña de captación de socios del Sevilla FC para la temporada 2003/04. La estructura del club se había estabilizado y empezó a apostarse por un modelo más ambicioso que invitaba a la ilusión. Hasta ocho caras nuevas y una hornada de chicos de un filial que cada vez venía pisando más fuerte hicieron que la hinchada del Ramón Sánchez-Pizjuán volviera a soñar con cotas mayores de las que había acostumbrado en los últimos años. Si el Real Madrid había fichado a David Beckham, el FC Barcelona a Ronaldinho y el Valencia CF a Ricardo Oliveira, la gran inversión del Sevilla FC fue Júlio Baptista, por el que el pagó unos 3 millones de euros. Baptista, procedente del Sao Paulo FC, siempre había jugado como mediocentro defensivo, pero durante la pretemporada Joaquín Caparrós vio en él cualidades para jugar más bastante más adelantado. De hecho, el cambio de posición de 'La Bestia' provocó que el Sevilla pasara de jugar con un esquema basado en el 4-4-2 a hacerlo con un 4-4-1. El técnico utrerano confirmaría muy pronto que había tomado una buena decisión al cambiarle de posición, ya que en la jornada inaugural de liga un gol del brasileño reconvertido a mediapunta otorgó la primera victoria a su equipo, ante el Atlético de Madrid de Gregorio Manzano.
 
  
 
 
 
 
 
J.G.: Una vez asentado en Primera División, el Sevilla FC lleva a cabo un proyecto ilusionante pensando ya en un salto de calidad. Para ello, llegan Esteban, Aitor Ocio, Martí, Antonio López, Germán Hornos, Darío Silva, Carlitos y Júlio Baptista. Lo de cambiar de posición al brasileño fue una auténtica genialidad. ¿De verdad esperabas que tuviera tanto impacto?
J.C.:
No. Cuando cambias de posición a un futbolista es porque crees que es lo mejor para el equipo y, lógicamente, para el futbolista, y tienes que convencer al jugador. Al principio nos costó un poco. Qué duda cabe que Júlio como centrocampista fue internacional y había un Mundial al que quería ir. Por lo tanto, sacarle de esa demarcación y ponerle en otra donde Brasil tenía Botas de Oro al principio le costaba. Pero bueno, ¿qué hicieron los goles? Que fuera el centro de atención del fútbol. Todo se focalizaba en él, metía goles importantes que daban puntos al Sevilla y poco a poco eso hizo que se fuera adaptando y, sobre todo, gustándose en esa demarcación. Eso facilitó mucho su adaptación a esa nueva posición. Luego el seleccionador brasileño lo convocó y lo situó en esa demarcación y el Real Madrid también lo firmó en esa demarcación, así que él ya estaba contento y ya no quería jugar en otro sitio.
 
 
El año de la ilusión
 
El Sevilla FC había cambiado su forma de jugar respecto a otros años anteriores, ya que "el estilo muchas veces te lo dan las circunstancias, los objetivos y los futbolistas", y en este caso la reforzada plantilla sevillista permitía desplegar un sistema de juego con mayor protagonismo ofensivo. Eso sí, nunca perdió ese sello característico de lo que debe ser un equipo dirigido por Joaquín Caparrós, "sobre todo con mucha intensidad y donde el futbolista viva lo que es el partido durante los noventa minutos". Para mantener ese nivel de intensidad era fundamental que existiese una gran competencia en el plantel para ganarse un puesto en el once. En esa carrera por querer jugar lo máximo posible, uno de los que subió más peldaños sería, sin duda, Daniel Alves. "Cuando llegó al Sevilla fue un jugador muy criticado, pero a base de su constancia, su sacrificio y con su hambre de conseguir un puesto en el equipo, lo consiguió", recalca Joaquín, quien vio un diamante en bruto en el futbolista bahiano. Al principio, situaba a un lateral como Juan Luis Redondo por delante de él para dejarle correr todo el carril sin complejos. Y funcionó. Desde que se afianzó como titular, no dejó de mejorar a pasos agigantados hasta convertirse en uno de los mejores laterales del mundo: "Siguió y consiguió títulos en el Sevilla, y en el Barça fíjate lo que ha conseguido. Es muy importante en la historia del fútbol. Me consta que en la Juventus la gente estaba sorprendida con el hambre que iba. Un jugador que lo ha conseguido todo y sigue con esa mentalidad de querer más". Al gran nivel que empezaba a ofrecer Alves había que sumar la seguridad en portería de Esteban (Atlético de Madrid), el liderazgo y la solidez de la línea defensiva compuesta por el brasileño, Javi Navarro, Pablo Alfaro y David Castedo, a la que se sumaba Aitor Ocio (Athletic Club); el conocimiento táctico de Josep Lluís Martí (CD Tenerife) y la pegada de Javi Casquero en el doble pivote; el dinamismo de Antonio López (Real Valladolid CF) en la banda; la imaginación de Antoñito y la magia de Reyes en la mediapunta y los desmarques de Carlitos (RCD Mallorca), la brega sin tregua de Darío Silva (Málaga CF) y, cómo no, la potencia de la 'Bestia' Baptista en ataque.

 
El inicio de liga del Sevilla FC fue espléndido: 1 sola derrota en 9 partidos, incluyendo un empate en el Camp Nou (1-1), en aquel famoso choque disputado a las 12:05 de la noche. La buena racha se cortó en el Estadio La Rosaleda ante el Málaga CF (2-0). Sin embargo, en la siguiente jornada los hombres de Joaquín Caparrós ocuparían las portadas de medio mundo tras pasearse en casa ante el Real Madrid de 'Los galácticos'. Carlos Queiroz había suplido la baja de Míchel Salgado con un central (Francisco Pavón) y fue por ahí por donde se produjo la sangría. Caparrós situó a Reyes en banda y el conjunto sevillista ofreció una enorme exhibición (4-1). A finales de enero de 2004, el mismo Reyes se marcharía entre lágrimas al Arsenal FC, en la que hasta entonces era la venta más cara de la historia de la entidad (30 millones de euros). Aun así, el equipo continuaría con su dinámica positiva y Júlio Baptista con su racha anotadora: 3 goles contra el Real Murcia CF, 4 goles contra el Real Racing Club de Santander, 2 goles contra el Athletic Club... En Copa del Rey, eliminó a UD Lanzarote, Villarreal CF y Atlético de Madrid, alcanzando así las semifinales, donde caería ante el Real Madrid con polémica incluida. A partir de entonces, firmaron un último tramo de liga más que notable, con 7 victorias, 2 empates y 4 derrotas. El Sevilla FC se plantó en la última jornada dependiendo de sí mismo para clasificarse para la Copa de la UEFA. Un rival siempre complicado como el CA Osasuna sería el que visitara Nervión, en un choque que se convertiría en una auténtica batalla. El vigésimo tanto en liga de Júlio Baptista, que le situaba como segundo máximo goleador tras Ronaldo, daba la victoria a los locales y ponía el broche de oro a una gran temporada.
 
  
 
 
 
 
 
 
J.G.: En la última jornada de la temporada 2003/04, ganáis al Osasuna y lográis clasificaros para competiciones europeas casi diez años después. ¿Qué sentisteis aquella noche?
J.C.: Después del trabajo duro, recordamos lo que habíamos pasado. En cinco años, el Sevilla había bajado dos veces a Segunda División, con una situación de ascenso complicada y una economía de guerra muy fuerte, con un perfil de futbolistas que teníamos muy claro; poco a poco íbamos dando pasos y, por esa razón, tuvimos que vender a Reyes para dar no un paso, sino cinco adelante. Nos acordamos de todo eso. Luego los éxitos y las derrotas hay que analizarlos y reflexionarlos. La verdad es que fue una alegría porque el Sevilla volvió a estar ahí, en ese paquete de equipos con grandes aspiraciones y sobre todo con un futuro muy grande, ¿no? Ya estaban Antoñito, Gallardo, Navas, Daniel y se incorporan Sergio, Diego, Puerta, Adriano, Renato... una media de futbolistas muy jóvenes, una plantilla con una media de 22 o 23 años, con muchísima hambre de conseguir cosas.
 
En apenas unos cuatro años, Joaquín Caparrós había transformado a un equipo desahuciado en uno de los más consistentes de Primera División. De cara a la campaña 2004/05, los andaluces se reforzaron con Jordi López (Real Madrid Castilla CF), Renato Dirnei (Santos FC), Jesuli (RC Celta), Fernando Sales y Ariza Makukula (Real Valladolid) y Carlos Aranda (Albacete Balompié), además de Adriano Correia, que llegaría en el mercado invernal procedente del Coritiba FC. Al margen de todos estos nombres, la cantera venía pisando fuerte, especialmente el Sevilla FC 'B'. El segundo equipo de la entidad, entrenado por Manolo Jiménez, se había quedado a las puertas de ascender a Segunda División gracias a una generación de jugadores sobrada de talento. Caparrís ya había hecho debutar en el último año a Jesús Navas, Pablo Ruiz, Sergio Ramos, Marco Navas y Antonio Puerta, a los que en esta temporada se sumarían David Prieto, Diego Capel y Kepa Blanco. El hambre del Sevilla crecía y crecía. Empezó la liga en gran estado de forma, obteniendo 5 victorias, 2 empates y 1 derrota (ante el FC Barcelona) en los primeros 8 partidos. El equipo siguió demostrando que era capaz de superar a cualquiera, derrotando, por ejemplo, al Atlético de Madrid (2-1) o al Real Betis (2-1) en el Sánchez-Pizjuán y venciendo como visitante en plazas complicadas como las del Valencia CF (1-2) o el Real Madrid (0-1). En Copa del Rey volvió a realizar un papel bastante digno, eliminando a Algeciras CF, CF Ciudad de Murcia y RC Recreativo de Huelva, siendo apeado en los cuartos de final por aquel CA Osasuna de Javier Aguirre tras otro vibrante capítulo de rivalidades.
 
El gran atractivo de la temporada en Nervión era la vuelta del club a las competiciones europeas. La ronda previa de la Copa de la UEFA fue un mero trámite. El CD Nacional de Madeira nunca fue rival para el Sevilla FC, que se impusio con facilidad en ambos partidos (2-0 y 1-2). La fase de grupos ya sería otra cosa. Alemannia Aachen (2-0) y AEK Atenas (3-2) en casa y FC Zenit (1-1) y OSC Lille (1-0) a domicilio pondrían las cosas difíciles al conjunto hispalense, que acabaría pasando como segundo del Grupo H. Los dieciseisavos le emparejarían con el Panathinaikos FC, un club que venía de la UEFA Champions League y que contaba con jugadores que habían sido campeones de la Eurocopa 2004 con Grecia, como Giannis Goumas, Angelos Basinas y Dimitrios Papadopoulos. El primer envite en el Estadio Apostolos Nikolaidis se saldó con victoria local (1-0). El choque de vuelta, disputado justo una semana después, sería uno de los más épicos que se recuerdan en el Sánchez-Pizjuán. Joaquín Caparrós, a quien a veces se le tacha de entrenador defensivo, dispuso una alineación con tres delanteros (Antoñito, Aranda y Baptista). A falta de diez minutos para el final, el marcador aún reflejaba el 0-0 inicial, por lo que el entrenador utrerano decidió introducir a Adriano y Makukula en lugar de Jesuli y Martí. Los cambios no pudieron ser más acertados. Los dos futbolistas contribuyeron de manera decisiva a la remontada, primero, con un gol del lusocongoleño a los tres minutos de ingresar en el campo y, más tarde, ya con el equipo volcado arriba, con otro del brasileño en el tiempo de descuento. En los octavos de final, el rival sería el Parma FC, comandado por Vincenzo Grella, Mark Bresciano, Andrea Pisanu y un joven Alberto Gilardino. En el partido de ida, la escuadra italiana logró salir ilesa de Nervión (0-0), y en la vuelta el solitario gol de Giuseppe Cardone y la experiencia de los italianos resultarían definitivos para eliminar a los sevillistas.
 

 

  
 
 
  
 
La participación europea del Sevilla FC había sido bastante digna. En liga, a pesar de los altibajos, repetirían el sexto puesto del año anterior (eso sí, con 5 puntos más). Sin embargo, en la entidad blanquirroja y en el seno de la hinchada quedó la sensación de que el equipo estaba capacitado para aspirar a más, sobre todo tras haber rozado la clasificación para la Liga de Campeones, un sueño que se desvaneció en la última jornada tras la derrota ante el Málaga CF (0-2). "Tú puedes estar cinco, seis o siete años trabajando en los que se van renovando ilusiones y jugadores y en los que van creciendo los clubes", pero Joaquín Caparrós sentía que su etapa en el Sevilla ya había llegado a su fin. Para sorpresa de muchos, anunció que rechazaba la oferta de renovación por parte de la directiva para ser el entrenador en la temporada del centenario. El técnico antepuso el bien sevillista a todo lo demás, pues estaba convencido de que aquella decisión era la mejor para el crecimiento tanto del equipo como del suyo propio. Visiblemente emocionado, se despidió de toda la afición en una rueda de prensa en la que apenas pudo contener las lágrimas. De esta forma, se marchaba de un club que había sido y seguiría siendo su casa, al que había resucitado para devolverlo al sitio donde debía estar. Por su parte, estaba claro que no le faltarían ofertas para seguir entrenando en la élite del fútbol español.
 
"Estoy deseando empezar a trabajar porque en todas las conversaciones se me ha transmitido una ilusión tremenda", dijo Joaquín en su presentación como nuevo técnico del RC Deportivo de La Coruña. En apenas un año el conjunto gallego había pasado de ser aspirante a todo durante una década a necesitar un proceso de reconstrucción que requería de las habilidades de un hombre como Joaquín Caparrós. En un primer momento, el utrerano quiso llevarse consigo a Antonio Álvarez, su segundo entrenador en sus cinco años en el Sevilla ("a mí no me gusta llamarlo segundo sino asistente, el hombre de confianza"). Antonio es una persona calmada y sosegada, un poco lo contrario a lo que es Joaquín, "muy temperamental y muy pasional". Y es que "muchas veces hace falta una persona que marque un poquito la calma" para así equilibrar las emociones que pueden vivirse en un banquillo. Al final, Álvarez decidió permanecer en Sevilla y Caparrós recurrió a Luciano Martín 'Luci', "también una persona mucho más tranquila" y a quien había entrenado en su etapa en el Recreativo de Huelva.
 
  
 
 
 
  
 
J.G.: Eres una persona a la que le gusta trabajar con gente joven y con hambre de éxitos. ¿Fue lo que te llevó a aquel Dépor en plena transición?
J.C.: Creo que en este caso el presidente, Augusto Lendoiro, me firma creyendo que yo podía ser la persona más adecuada para esa reconversión que había que hacer. Es cierto que ya ese año no se había clasificado para Champions ni para competición europea. Sí que teníamos que jugar lo que era antes la Intertoto, pero fue duro, fueron dos años muy intensos, de tomas de decisiones antipopulares y con un gasto lógico tanto para el presidente como para el entrenador, que éramos los dos que llevábamos todo este tipo de situaciones.
 

  

 
El primer reto para los deportivistas era volver rápidamente a Europa por la vía de la Copa Intertoto. No hicieron un mal papel, ya que eliminaron a FK Buducnost, NK Slaven Belupo y Newcastle United FC, pero en la ronda definitiva no podrían con el Olympique de Marsella. Era la primera vez en seis años que los coruñeses se quedarían sin disputar competiciones europeas. Además del anterior técnico, Javier Irureta, también habían abandonado Riazor emblemas como Mauro Silva, Fran González o Walter Pandiani, y a finales de agosto también se marcharía Albert Luque, vendido al Newcastle United por 14 millones de euros. Aunque aún quedaban piezas importantes de los años gloriosos del club (Molina, Manuel Pablo, Jorge Andrade, Capdevilla, Duscher, Sergio, Scaloni, Víctor, Valerón, Diego Tristán...), era el momento de que los más jóvenes como Coloccini, Iván Carril, Xisco Jiménez o los recién llegados Arizmendi y Julián de Guzmán dieran un paso adelante.
 
En liga comenzaron bien las cosas, pues solo fueron derrotados cuatro veces en cuatro meses. Los excelentes números logrados en casa (3-3 contra FC Barcelona o 3-1 contra Real Madrid) y sobre todo lejos de La Coruña (2-2 en Mestalla, 0-2 en el Sánchez-Pizjuán, 0-3 en Balaídos o 1-2 en San Mamés) demostraban que los gallegos seguían albergando ese gen competitivo de antaño, lo que les permitía situarse en puestos de Liga de Campeones. Sin embargo, la grave lesión de Valerón en la decimoctava jornada hizo que el equipo se resintiera en su juego y que los resultados empeoraran. Una discreta segunda vuelta, especialmente en el último mes de competición, provocó que el Deportivo acabase de nuevo la liga en el octavo puesto. En Copa del Rey eliminaron a CA Osasuna y Valencia, cayendo en semifinales ante el que a la postre sería el campeón, el RCD Espanyol.
 
El verano de 2006 presenció una revolución total en la plantilla deportivista y vio cómo Molina, César, Enrique, Scaloni, Víctor, Munitis o Diego Tristán abandonaban la disciplina blanquiazul. Por solo 8,5 millones de euros llegaron hasta quince futbolistas, la mayoría muy jóvenes y sin experiencia en Primera División (Arbeloa, Barragán, Filipe Luís, Verdú, Estoyanoff, Cristian González, Adrián López…). Después de un buen inicio, el 'Baby-Dépor', como le llamaban popularmente, se vendría abajo en noviembre y diciembre, sin conseguir ni una victoria. Los de Caparrós encaraban la decimoséptima jornada en la zona de descenso, pero un sorprendente triunfo frente al Real Madrid de Fabio Capello (2-0) levantó los ánimos de los coruñeses, que disfrutarían de una racha de casi dos meses sin conocer la derrota. Tras la vuelta a la irregularidad terminarían siendo décimo terceros en liga. La nota positiva volvió a ser la actuación en Copa, en la que llegaron de nuevo a semifinales, eliminados esta vez por el Sevilla. Joaquín decidió entonces abandonar La Coruña debido al "desgaste" y la falta de "máxima ilusión". Sus próximos pasos le llevarían hasta Bilbao.
 
  
 
 
 
  
 
"Joaquín es un hombre de fútbol y de proyectos colectivos, de eso no cabe duda, y podemos considerarlo como la piedra angular del proyecto de un club". Estas son las palabras que Fernando García Macua dedica a Joaquín Caparrós en El Míster, el libro que nos explica el punto de vista del preparador sevillano acerca de todos los componentes del fútbol. Macua ganó las elecciones a la presidencia del Athletic Club en julio de 2007 y junto a él llegaría Caparrós. El estilo de juego clásico del Athletic le venía como anillo al dedo al de Utrera, cuyos equipos siempre habían sido capaces de crear muchas ocasiones mediante ataques intensos y muy directos. "Para jugar como jugábamos con el Athletic, donde teníamos a dos futbolistas que podían ser Fernando Llorente y Toquero, por ejemplo, teníamos que jugar con futbolistas de banda como podían ser Susaeta o Íker Muniain", apunta. En su primer año, 'Jokin', como empezaron a llamarle en San Mamés, recuperaría la consistencia de los leones, que quedarían undécimos en liga como el cuarto conjunto menos goleado.
 
 
 
 
 
 
J.G.: En Bilbao te guardan muy buen recuerdo. Cogiste un equipo que había pasado un año muy malo y lo convertiste en uno de los más competitivos de la liga. Allí necesitaste más que habilidades futbolísticas, motivadoras ¿no?
J.C.: También es cierto que cuando yo voy al Athletic ellos piensan, como no puede ser de otra forma, en un técnico que le guste la cantera y ellos vieron que, efectivamente, a mí me gustaba trabajar con la cantera. Era un año en el que se estaba discutiendo un poco si Lezama era productiva o no por lo que tú has comentado, un año muy delicado en el que se salvan en el último partido con el Levante y empezamos a hacer un trabajo muy intenso. Nos metemos en todas las tripas, en toda la historia del Athletic y sobre todo en lo que es Lezama. Empezamos a observar, a tener mucho contacto con los directores de Lezama y salen futbolistas que después han jugado muchos años. La verdad es que fue un trabajo muy bonito.
 
J.G.: Volvisteis a disputar una final de Copa del Rey después de veinticuatro años tras eliminar a cuatro equipos de Primera División (Recreativo de Huelva, CA Osasuna, Real Sporting de Gijón y Sevilla FC), pero ese recorrido os pasó factura en liga. ¿Eres partidario de priorizar determinadas competiciones o prefieres ir adaptándote a lo que los tiempos van te van deparando?
J.C.: Las situaciones son distintas. Nosotros teníamos la oportunidad, como tú dices, de volver a la final de una competición que es la del Athletic como es la Copa. Entonces, teníamos que valorar y tuvimos que asumir un riesgo. Lo asumimos y nos salió no del todo bien porque del todo bien hubiera sido ser campeón, pero por lo menos la gente volvió a ver una final después de veinticuatro años. Conseguimos el objetivo de la permanencia y creamos un ambiente de ilusión otra vez en la ciudad y en el País Vasco.
 
  
 
  
 
 
Alcanzar la final de Copa del Rey del 2009 contra aquel FC Barcelona del triplete significaba volver a competiciones europeas. Para ello, el Athletic se reforzó con Mikel San José, De Marcos, Díaz de Cerio y Xabi Castillo. Además, desde el filial llegarían Iturraspe, Iñigo Pérez o Muniain, a quien Caparrós hizo debutar con solo dieciséis años en Europa League ante el BSC Young Boys. Los vascos se colarían en fase de grupos tras eliminar a los suizos y al Tromsø IL. En liga comenzaron jugando a un muy buen nivel, aunque con el paso de las semanas se volverían irregulares. Aun con altibajos, vivirían en puestos europeos durante la mayor parte de la temporada, pero un flojo mes de abril los acabaría mandando hasta el octavo puesto. En Copa habían sido eliminados a las primeras de cambio por el Rayo Vallecano, mientras que en Europa League serían segundos del Grupo L por delante de FK Austria Viena y CD Nacional y solo por detrás del SV Werder Bremen. En dieciseisavos se las verían con el RSC Anderlecht. El choque de ida en San Mamés acabaría 1-1, sin embargo, en la vuelta disputada en el Constant Vanden Stock los leones se vieron muy superados por los Biglia, Boussoufa, Legear, Kouyaté y sobre todo Lukaku, autor del primero de los cuatro tantos de los belgas.
 
Uno de los puntos fuertes de Caparrós es su conocimiento de las categorías inferiores, algo fundamental en el Athletic. En sus cuatro años en Bilbao daría la oportunidad de estrenarse en la élite a más de veinte canteranos. Si bien siempre se le otorga la medalla de haber hecho debutar a futbolistas como Antoñito, Reyes, Jesús Navas, Puerta, Sergio Ramos, Adrián López, Barragán, Iturraspe, Muniaín, De Marcos o Camarasa, Joaquín se quita méritos y advierte de que todo se debe a la "suma de mucha gente. Cuando tú subes a un futbolista es por la información que tú tienes de todos los técnicos y del director de fútbol base de ese equipo, porque te van diciendo "ese chico tiene talento". Entonces, tú lo que haces es observarlo y luego lo llevas al entrenamiento y, por lo tanto, lo vas formando un poco". Que los canteranos lleguen al primer equipo es gratificante para "mucha gente del club, desde el ojeador que estaba en un barrio viéndolo muy chiquitito y lo coge hasta todos los técnicos que lo han estado formando. Creo que eso es un trabajo muy bonito", afirma con una sonrisa. 
 
"La verdad es que es una satisfacción para un club ver a chicos que han salido, insisto, a muy temprana edad triunfar y ser un jugador muy importantes no solamente en ese equipo sino en el fútbol mundial", subraya Joaquín, quien sentiría una alegría tremenda el 11 de julio de 2010. En aquella fecha, España levantaba la Copa del Mundo en Sudáfrica tras vencer a Holanda en la final. Caparrós reconoce que de los veintitrés futbolistas que Vicente del Bosque llevó al Mundial, "tener siete futbolistas que tú has tenido y has estado disfrutando en los entrenamientos, que veías cómo escuchaban a los técnicos y cómo iban creciendo, pues la verdad es que fue una satisfacción". Carlos Marchena, Jesús Navas y Sergio Ramos en el Sevilla FC, Joan Capdevilla y Álvaro Arbeloa en el RCD Deportivo de La Coruña y Fernando Llorente y Javi Martínez en el Athletic Club son esos siete campeones del mundo a los que Joaquín Caparrós ha dirigido a lo largo de su carrera.
 
 
  
 
 
 
  
 
J.G.: Has llegado a decir que la cantera española es una de las mejores del mundo pero que quizás no se aprovecha al cien por cien.
J.C.: Totalmente. Está en una situación donde se está aprovechando cada vez menos y la referencia la tenemos en los clubes como Madrid y Barcelona y la prueba la tenemos en nuestra selección. Si equipos como Madrid, Barcelona, Sevilla o Villarreal tienen pocos jugadores donde nuestro seleccionador pueda escoger, se debilitará nuestro fútbol. Hay muy buenos chicos, hay muy buenos técnicos en la formación, preparan y forman muy bien a los chavales y, por lo tanto, tenemos que aprovecharlo. Los chavales que tienen veinte, veintiún años lo que están es deseosos de que llegue el entrenador del primer equipo y los ponga.
 
J.G.: Entonces, ¿crees que deberían contagiarse un poco el resto de clubes de esa filosofía que tiene el Athletic y Lezama?
J.C.: Hombre, yo creo que sí. Eso es complicado, pero yo creo que algo tendrán que hacer a nivel de federación o a quien le corresponda porque el fútbol va cambiando. Pasó de lo que eran sociedades deportivas a sociedades anónimas y ahora están pasando diríamos a cantidades de dinero por televisiones y a los nuevos inversores. Viene capital de fuera, chino, etc., y vienen con otra mentalidad de traer futbolistas, de hacer un negocio, y muchas veces olvidan lo de abajo. Por lo tanto, la Federación tiene que anticiparse a ese tipo de cosas, a lo mejor obligando como hace la UEFA, que creo que en todo te obliga a tener un número de jugadores inscritos. Pues a lo mejor la Federación tiene que obligar también a tener un número mínimo de jugadores canteranos o primar la Liga de Fútbol Profesional mediante las televisiones a aquellos equipos que tienen en la alineación jugadores canteranos. Es una idea. No sé si será lo correcto o no.
 
  
 
La temporada 2010/11 supuso el adiós al Athletic de veteranos como Armando, Iñaki Muñoz, Fran Yeste o Joseba Etxeberría. 'Jokin' encontraría el relevo perfecto, cómo no, en Lezama, concretamente en Raúl Fernández, Aurtenetxe, Ekiza, Ibai Gómez, Igor Martínez y Urko Vera. En Copa del Rey tuvieron que enfrentarse muy pronto con el FC Barcelona. El encuentro de ida en el Camp Nou terminaría con 0-0 y en la vuelta el 1-1 daría el pase a los cuartos de final a los culés debido al valor doble de los goles en campo contrario. En liga lograron mantenerse cerca de la sexta plaza hasta la jornada 20, fecha en la que se meterían de lleno en zona europea para ya no salir de ahí. Empatado a puntos con Sevilla y Atlético de Madrid, los vascos se clasificaban de nuevo la Europa League. A la conclusión del campeonato se celebraron elecciones a la presidencia del Athletic. Macua se presentó para ser reelegido, aunque, finalmente, el vencedor sería Josu Urrutia, quien trajo un nuevo proyecto con Marcelo Bielsa como entrenador. A pesar de contar con el apoyo de la afición y de su intención de continuar (tenía un acuerdo de renovación con Macua), Joaquín se vio obligado a dejar la entidad. Era el momento de tomar una nueva dirección en el camino.
 
 
  
 
 
  
 
En verano de 2011, Caparrós firmaba como técnico del Neuchâtel Xamax FC con el objetivo de levantar al equipo después de un mal inicio de liga. El utrerano contaría en sus filas con conocidos de la liga española como David NavarroVíctor Sánchez, Arizmendi o Kalu Uche. Sin embargo, el ambiente en el club no era el más idóneo para trabajar, ya que "las funciones de un entrenador que en España se consideran normales, como hacer lista de convocados, hacer un equipo o decidir los días de entrenamiento, pues allí hubo un propietario que quería imponer todo". Ese propietario era el empresario checheno Bulat Chagaev, quien tras un Neuchâtel Xamax 2-2 Lausanne-Sport de la séptima jornada bajó a los vestuarios armado y rodeado de guardaespaldas. "Ahí fui más entrenador que nunca", recuerda con orgullo Joaquín, "no solamente por esa parte sino por gestionar unos recursos de futbolistas que eran de muchísimos países, que tenían el referente en el cuerpo técnico, y yo tenía que ser fuerte y estar con ellos". Caparrós no tuvo miedo y no le tembló el pulso al enfrentarse a Chagaev para defender a los suyos. Después de aquello, puso fin a su aventura helvética. "Fue un mes muy intenso pero de muchísima enseñanza", asegura.
 
Un buen entrenador "se tiene que adaptar" y se tiene que fijar en "las necesidades". Según Caparrós, "lo que tienes que hacer cuando llegas a un sitio es analizar la plantilla que tienes y sacarle el máximo rendimiento. Esa es una de las obligaciones que creo que tiene que tener un entrenador por encima de todo". "Cuando llegamos al Mallorca veíamos que teníamos unos jugadores y que había que cumplir un objetivo, por lo tanto, todo el mundo se mentalizó", cuenta recordando su llegada al banquillo del RCD Mallorca en octubre de 2011 para relevar a Michael Laudrup. Aunque el sistema del danés era muy distinto al suyo, Joaquín no optó por una revolución en el estilo de juego, pues "si tú tienes un equipo donde predomina el toque y tienes jugadores para hacer eso, el entrenador está obligado a mantener esa idea". Algunas de las claves fueron volver a motivar al 'Chory' Castro y dotar a los suyos de un fuerte carácter competitivo. El resultado fueron 45 puntos en 32 partidos: "Conseguimos los objetivos mucho antes y matemáticamente hasta el último partido tuvimos nuestra opción de meternos en la UEFA, lo que pasa es que nos tocó el último partido con el Madrid y era el Madrid de los récords con Mourinho". Tras ser octavos, Caparrós decidió renovar su contrato.
 
La segunda campaña en Mallorca fue realmente complicada. El inicio fue espectacular, ganando tres partidos en el Iberostar y empatando dos a domicilio. Sin embargo, a partir de ahí el equipo se vino abajo. En más de cuatro meses solo lograron tres empates y una victoria. "Hubo situaciones límite. Nosotros hicimos de todo para motivar al grupo, para hacer cambiar la rutina y la dinámica de trabajo porque muchas veces es complicado", explica, y eso que lo intentó de todas las formas posibles, ya que en el campo de la motivación "no hay un libro que te diga los códigos". El ejemplo más claro se produjo en la decimosexta jornada contra el Athletic. Los bermellones perdían 0-1 y en el descanso Joaquín decidió sorprender al vestuario con la proyección de un vídeo pornográfico buscando "despertar a los futbolistas". "En ese momento creímos que era el momento más oportuno para hacer una situación como esa para motivar al grupo y eso se hace ya. No es cuestión de prepararlo, se prepara cinco minutos antes", pero ni por esas reaccionó el Mallorca, que acabó descendiendo ya con Gregorio Manzano, pues Caparrós había sido cesado en el cargo a principios de febrero.
 
  
 
 
  
 
 
 
La siguiente parada en el camino llevaría a Joaquín Caparrós a la costa valenciana. El Levante UD veía en el utrerano el relevo natural para Juan Ignacio Martínez. Además del entrenador, hasta once caras cambiaron en la plantilla granota respecto a la temporada anterior. Joaquín conformaría un conjunto rocoso, muy potente físicamente y difícil de batir. Pese al mal trago de la primera jornada (7-0 en el Camp Nou), los levantinistas lograrían resultados de mucho mérito, como el 1-1 en casa contra el FC Barcelona o la victoria en el Sánchez-Pizjuán (2-3). Ya en la jornada 35 serían capaces de doblegar a todo un Atlético de Madrid, que se terminaría proclamando campeón no sin antes complicase el título de liga tras salir derrotado del Ciutat de València (2-0). El triunfo ante los colchoneros significaba la permanencia para un Levante que acabaría como décimo clasificado y como quinto equipo menos goleado. Aunque el trabajo de Joaquín había sido brutal, club y entrenador no llegarían a un acuerdo para la renovación del contrato.
 
 
 
 
J.G.: Dices que el fútbol son dos deportes en uno, por un lado el físico y por otro lado el técnico.
J.C.: Sí.
 
J.G.: ¿Qué porcentaje en cuanto a importancia tendría cada uno?
J.C.: Está claro que en el fútbol yo le pondría más parte a lo que es el juego. El futbolista tiene que dominar lo que es la faceta del juego técnicamente, y nosotros en eso somos un país con unos futbolistas técnicamente buenísimos. Tú ves ahora en una escuela de fútbol a chavales con doce, trece años y técnicamente son buenísimos; hacen buenos controles, cómo golpean la pelota con las dos piernas…y eso es porque se les está enseñando y es una base buena luego para que el futbolista tácticamente sea bueno, para que juegue con más velocidad, etc. Pero también es cierto que para jugar a la pelota tú tienes que tenerla y para tenerla hay una pelea, por lo tanto, tienes que tener también ese concepto físico es fundamental en este juego.
 
J.G.: Aunque siempre se dice que eres un entrenador al que le gusta mucho la presión, la intensidad… ¿cuál crees tú que es tu sello?, ¿qué tiene que tener un equipo de Caparrós?
J.C.: A mí me gusta el buen futbolista, sobre todo el futbolista profesional, que viva su profesión, porque ese futbolista es el que asimila lo que tú le estás diciendo y el que asimila que le corrijas. Me gusta el futbolista que tiene un buen trato de balón pero que ese trato sea siempre con un concepto colectivo. No me gusta el futbolista que juega solamente bien el balón, me gusta el futbolista que juega bien el partido, que técnicamente está dotado pero que luego tiene una mentalidad colectiva. ¿Quién juega bien al fútbol? Juega bien al fútbol aquel equipo que genera muchas ocasiones y que encima las mete. El fútbol se juega para generar ocasiones y para que no te las generen a ti. Si tú generas muchas ocasiones, es señal de que tú estás haciendo muchas cosas bien.
 
 
   
  
 
 
En mayo de 2014 Joaquín volvería a Andalucía de la mano de un Granada CF con más de una decena de jugadores nuevos. Los cuatro primeros partidos de liga fueron muy positivos, venciendo en casa al RC Deportivo (2-1), empatando con Elche CF (1-1) y Villarreal (0-0) y sacando tres puntos en San Mamés (0-1). Pero a partir de entonces los nazaríes solo serían capaces de ganar un partido en casi cuatro meses (en Copa del Rey ante el Córdoba CF). "Hay veces que por muchas cosas que hagas no llegas al futbolista y al grupo", una tarea que se vuelve aún más difícil cuando, además, debes gestionar una plantilla como la del Granada, formada por futbolistas de hasta dieciocho nacionalidades distintas. Tras 14 partidos de liga sin conocer la victoria, tanto el club como Joaquín decidieron poner fin a la vinculación de ambos por el bien del equipo. A finales de 2016 tomaba las riendas del CA Osasuna, pero las dificultades para enderezar el rumbo de un vestuario muy debilitado tras la salida de Enrique Martín propiciaron su destitución apenas dos meses después. En junio de 2017 comenzaría su  desafío más exótico al firmar por el Al Ahli SC de Catar.
 
Como decíamos, Joaquín Caparrós es una persona enérgica e inquieta, a la que le gusta estar siempre haciendo cosas. Como profesional siente el compromiso de compartir todo lo que le ha dado el fútbol. Con los más jóvenes lo hace a través del campus de fútbol base que organiza todos los meses de julio en San Esteban de Gormaz (Soria). Con su gremio, el de los entrenadores, lo hace mediante su fundación, organizando másters, torneos, conferencias y charlas, para así poder compartir sus conocimientos y su experiencia, una experiencia que se prolonga ya más de treinta años. Él ha vivido muy de cerca cómo han cambiado los métodos y las herramientas de entrenamiento desde que empezó a entrenar a principios de los ochenta. "Antes hacíamos de preparador físico, de entrenador de porteros, tenía que dar hasta masajes, tenía que ser mi propio jefe de prensa…", recuerda, "ahora hay muchos especialistas, y cada vez se van uniendo más. Yo he ido creciendo con esa especialización y he ido adaptándome". Y no solo adaptándose, sino reinventándose, "innovar, tienes que ir por delante porque el fútbol, si te paras, te come porque va a una velocidad muy grande". 
 
Cuando no está trabajando para algún club, a Joaquín le gusta colaborar con la prensa deportiva. Él incluso empezó la carrera de Periodismo y alguna que otra vez ha declarado que en su formación como entrenador echó en falta un apartado en relación con los medios de comunicación: "En cada uno de los equipos en los que he estado en el cuerpo técnico he puesto una persona de comunicación, que tenga experiencia y que domine y conozca los medios de comunicación, la ciudad y el club porque eso va a ayudar no solamente al entrenador si no a los jugadores y al propio club". Por lo tanto, cree que en un deporte como el fútbol es un aspecto fundamental y que "igual que hay preparador físico, nutricionista o fisio, tiene que estar el especialista de comunicación". La presión de la prensa y el hecho de que esta se nutra muchas veces de temas polémicos o extradeportivos supone un hándicap, "pero es que es lo que hay, nos beneficiamos todos porque se vende mucho fútbol y al final eso repercute en los profesionales. Por lo tanto, hay que adaptarse y hay que llevarlo lo mejor posible dentro de un respeto que tiene que haber entre las dos profesiones".
 
 
 
 
J.G.: Joaquín, ¿qué es lo que más te llena del fútbol?
J.C.: Todo. Lo que más me gusta del fútbol es entrenar. Disfruto entrenando, ponerme las botas y salir a un campo es lo que más me gusta. Lo que menos me gusta, qué duda cabe, son las tomas de decisiones que afectan a un futbolista, como no ponerlo, porque está entrenando con la máxima intensidad, con la ilusión, con una familia, y tú tienes que hacer una convocatoria. No llevarlo, no ponerlo o decirle a un futbolista que no vas a contar con él es la parte más fea de ser entrenador, pero es una parte que el entrenador tiene que hacer porque está entre sus obligaciones y para eso le pagan, para tomar decisiones.
 
 
  
 
 
 
 
 
 
 
 
Contacto
 
Plaza de Pilatos 5, 2º Izquierda (Sevilla, España)
Tel: (+ 34) 635 06 70 09